Testigos del señorío de jesús

El libro de Hechos es el único que narra la Ascensión de Jesús y explica el sentido de esta manifestación (1ª lectura). Lo hace Lucas invitando a los cristianos a tomar conciencia de que en la Historia de la salvación hay un tiempo especial encomendado a la Iglesia, entre la Ascensión y la Parusía de Jesús, en el que los cristianos tienen la tarea de ser testigos de Jesús y su mensaje hasta el confín de la tierra. Para ello el mismo Jesús se les apareció durante 40 días para convertirlos en testigos de que el mismo que había sido su maestro en Palestina, había resucitado y que Dios había concedido la salvación a todos los que creyeran en él. Para esta tarea recibirán la ayuda del Espíritu Santo. El número 40 es simbólico en el mundo judío y sugiere un espacio de tiempo suficiente para aprender bien una lección. Se fundamenta en que Dios tardó 40 días en enseñar la Ley a Moisés. La tarea fundamental de la Iglesia y de los cristianos es ser un pueblo de testigos con su vida y palabras. Testigo es el que ha visto algo y lo dice. El cristiano es uno que “ha visto” a Jesús resucitado y lo dice con su forma de vivir y con su palabra. En este contexto celebra hoy también la Iglesia la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, invitando a los testigos a servirse adecuadamente para esta tarea de los medios de comunicación social.

La 2ª lectura invita a profundizar en lo que implica ser testigos. Para ello exhorta a pedir al Padre espíritu de sabiduría para conocer los bienes que nos ofrece por medio de Jesús y la grandeza del poder que tiene para hacer eficaz su promesa: es el mismo poder que ha resucitado a Jesús, lo ha sentado a su derecha en el cielo y lo ha constituido cabeza de la Iglesia. Así lo capacita para crear la Iglesia y salvarnos a cada uno de nosotros. Para ser testigo hay que ser contemplativo y hay que pedirlo humildemente.

Finalmente el evangelio explicita las facetas del testimonio, recordando con más detalles el mandato final de Jesús. Declara que el Padre le ha dado todo poder y lo ha constituido cabeza de la Iglesia y que para llevarlo a cabo necesita de nuestra colaboración. Por eso nos envía a invitar a todos los pueblos a hacerse discípulos suyos. Ser discípulos no es solo adquirir unos conocimientos sino recibir una nueva vida y vivir conforme a ella. Para eso hay que bautizar en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Bautizar en su sentido primitivo significa sumergir. Con ello se nos dice que en el bautismo la persona se sumerge en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo, es decir, comparte la vida de la Sma. Trinidad y se convierte en hijos de Dios. Por ello debe vivir de acuerdo con su nueva vida y para ello debe conocer las enseñanzas de Jesús. Finalmente los discípulos no están solos en esta tarea, pues le acompañará dinámicamente Jesús con su poder. Su Ascensión no significa que nos deja solos, pues desde el cielo nos acompaña constantemente en nuestra misión.

La celebración de la Eucaristía es un momento especial en esta tarea. En ella Jesús, el que nos envía, se hace sacramentalmente presente para acompañarnos. En ella pedimos al Padre la sabiduría que nos permita conocer cada vez mejor a Jesús, el Viviente, para ser sus testigos. En ella Jesús nos alimenta para que llevemos a cabo el testimonio superando las dificultades.    

Primera lectura: Hch 1,1-11: Seréis mis testigos... Lo vieron levantarse.

Salmo responsorial: Sal 46,2-3.6-7.8-9: Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas.

Segunda lectura: Ef 1,17-23: Lo sentó a su derecha, en el cielo.

Evangelio: Mt 28,18-20: Subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios.

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