la eucaristía, signo de unidad.

         Jesús anunció la llegada del Reino de Dios con palabras y signos que explicaban su contenido. Uno de ellos fue el signo del pan multiplicado, recordado hoy por el evangelio y comentado por Pablo como exigencia de unidad en la Iglesia.

Jesús no dio de comer a los miles de personas hambrientas que vivieron en su tiempo en Palestina, pues no era esta su misión. Realizó esta comida solo una vez y como signo. El final del relato evangélico pone de manifiesta que los destinatarios de la comida entendieron la acción como signo de la llegada del Reino de Dios, pues decidieron proclamar a Jesús como el profeta-rey que tenía que venir. El signo funcionó, pero la identificación no fue correcta. Los que así pensaban se fundaban en una tradición vigente en aquella época según la cual el Mesías cuando venga realizará prodigios mayores que Elías y Eliseo, entre ellos multiplicar panes. Esto explica el que se lea como primera lectura un milagro similar que hizo el profeta Eliseo. Además en un texto de Isaías se anuncia el futuro Reino de Dios como un gran banquete: Preparará el Señor del universo para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera, manjares exquisitos, vinos refinados (Is 25,6). El motivo del error en la identificación fue el interpretar el signo a la luz de una ideología nacional-religiosa, frecuente en aquel ambiente, y no a la luz del pensamiento de Dios, que estaba enseñando Jesús. La ideología nacional-religiosa, inspirada en la prepotencia y el orgullo, no tiene nada que ver con la enseñanza de Jesús, que se presenta a sí mismo como el Siervo que viene a servir y dar la vida por los demás.

El evangelio de Juan narra a continuación el discurso del pan de vida, en el que Jesús invita a una auténtica interpretación de la Eucaristía. La liturgia dominical nos lo recordará en los próximos domingos, invitándonos así la Iglesia a revisar nuestra interpretación y vivencia de la Eucaristía. ¿Qué importancia tiene en nuestra vida cristiana la Eucaristía? ¿Cómo la interpretamos? Este domingo en concreto por medio de Pablo en la segunda lectura se nos recuerda que la Eucaristía es sacramento de unidad, la crea, la alimenta y exige cooperar con ella.

La unidad es importante en la vida cristiana y es lógico, porque si Dios es amor, sus seguidores tienen que estar unidos en el amor. Por eso san Pablo comienza presentando la unidad como el objeto de nuestra vocación a la vida cristiana: “como pide la vocación a la que habéis sido convocados”. Fundamenta esta afirmación en que todos somos fruto de la obra de un mismo Espíritu Santo, que nos integra a todos en el mismo Cuerpo de Cristo, hemos recibido un mismo bautismo, en el que profesamos una misma fe cuyo contenido es el señorío de Jesús resucitado, tenemos todos un mismo Dios Padre, que nos penetra e invade a todos. La división, pues, es totalmente contraria a la vida cristiana. Sin embargo, hay tendencias a la división y desgraciadamente divisiones y enemistades. Esto exige una lucha, que resume brevemente Pablo: primero, ser humildes, viviendo cada uno de acuerdo con su capacidad al servicio de los demás, ni más ni menos. Impide la humildad, por un lado, el orgullo, el egoísmo, la vanidad, el deseo de aparentar y, por otra, los complejos de inferioridad que derivan en envidias. Junto a esto se pide amabilidad o actitud de buscar el bien de todos, comprensión o intento de sintonizar con la otra persona para entender los motivos de su actuación, y, finalmente, capacidad de aguante para mantener el vínculo de la paz, dada la importancia del bien que hay que asegurar, “la unidad que crea el Espíritu Santo”.

         Hoy día se nos pide un esfuerzo para vivir la unidad, superando divisiones fundadas en motivos de raza. Cada día son más las personas de otras razas y culturas que viven entre nosotros y la comunidad cristiana se tiene que esforzar por integrarlos a todos. Superar las divisiones fundadas en formas de pensar, religiosa, política, económica… Todas ellas son legítimas, pero ninguna posee la verdad total, por lo que hay que evitar convertir nuestra forma de pensar en una ideología, una especie de ídolo absoluto, al que sacrificamos la vida y la unidad. Superar el orgullo y vanidad, que inducen a un protagonismo desmedido, a envidias, a murmuraciones…

         La Eucaristía es el alimento en que Cristo resucitado da fuerzas para vivir en el amor, en la unidad y comunión, y en la alegría. Es el alimento que capacita para vivir comunitariamente en la Iglesia y para que ésta siga trabajando realizando en este mundo el signo de los panes, dando de comer a los necesitados y trabajando por un mundo más humano. Si los antiguos beneficiarios del signo de Jesús lo malentendieron a la luz de sus criterios humanos, hoy también existe este peligro con nuestras divisiones.

Primera lectura: 2 Re 4, 44-44: Comerán y sobrará

Salmo responsorial: Sal 144,10-11. 15-16.17-18: Abres tú la mano, Señor, y nos sacias

Segunda lectura: Ef 4,1-6: Nuestra vocación es la unidad

Evangelio: Jn 6,1-15: Signo del pan: Este es el profeta que tenía que venir

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