Primera Lectura: 1 Samuel 3,3b-10.19. Habla Señor que tu Siervo escucha
Salmo 39:
El Señor se inclinó y escuchó mi grito.
Segunda Lectura: 1 Corintios 6,13b-15ª.17-20.
Vuestros cuerpos son miembros de Cristo
Evangelio: Juan 1,35-42. Vieron donde vivía y se quedaron con él.

Hemos terminado el ciclo navideño con la fiesta del bautismo del Señor. Ahora entramos de lleno en el tiempo ordinario. No es una mera transición hasta la cuaresma, ni un relleno litúrgico. Al contrario, es toda una oportunidad de acompañar a Jesús y escuchar de primera mano su predicación y ser testigos de sus obras. La Palabra de Dios proclamada con su máxima fuerza en la celebración dominical de la Eucaristía nos permitirá vivir como auténticos discípulos. El camino hasta Jerusalén, está plagado de dificultades. La tentación de abandonar asalta con frecuencia. La sombra de la cruz se alarga y nos alcanza, no podemos dejar de mirarla si queremos ser también testigos de la resurrección.

Caminar es medicina para el alma. A Jesús le encantaba caminar. Tenía una noticia que transmitir y debía hacerlo con urgencia. Él que es camino, nos enseña a caminar. Su deambular no es casual y su itinerario está programado en el mismo corazón de Dios. Cuando nuestro conocido y necesario Juan el Bautista lo vio pasando por allí, no pudo retener en sus labios aquel sonido que procedía de lo más profundo de su alma: Ahí estaba el Cordero de Dios. La consecuencia de su testimonio es la búsqueda inmediata de Jesús de aquellos que lo escuchaban. Evidencia su actitud, la importancia de señalar a Cristo en medio de nuestro mundo, lugar preferido para sus paseos. Necesitamos hombres y mujeres que nos hablen de Dios con su vida. Necesitamos testigos que nos ayuden a encontrarle.

Hoy podemos ser como esos discípulos del Bautista que siguieron a Jesús. Su pregunta no es baladí y no debemos continuar si no nos esforzamos en responderla. ¿Qué buscamos? ¿Qué busca nuestro mundo? Podemos sentirnos desconcertados. Varias respuesta pueden amanecer sobre nuestra conciencia: no se lo que busco, he desistido de la búsqueda y me dejo llevar, ya he encontrado pero el hallazgo no me aporta nada. Jesús es consciente de las veces que nos hallamos confusos. Hoy nos invita a estar con El. Su oferta no es un mero retiro espiritual ni un master en religión. No son unas horas ni un tiempo limitado. El quiere que permanezcamos con El. Comer, reír, compartir anhelos, ilusiones, sufrimientos, disfrutar de la vida y también llorar llenos de esperanza. Aprender a dirigirnos al Padre y confiar plenamente en Él.

Todo aquello que el ser humano busca, lo podemos encontrar en Jesús: Vida plena. Podemos sentirnos gozosos. El misterio se ha descubierto y un nombre ha sido revelado: Cristo. Gracias porque la búsqueda ha finalizado. Gracias porque Tú nos has encontrado y nos has invitado a compartir tu vida.

Ramón Carlos Rodríguez García, párroco de la Loma de El Ejido.

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