vestíos de Jesucristo

Nota. El reciente Directorio Homilético dice sobre estos domingos: «Otra característica importante del ciclo B ha sido adoptar el relato de san Juan sobre la multiplicación de los panes y de los peces con el siguiente discurso del pan de vida (domingos 17º al 21º). Esto ofrece al predicador la oportunidad de predicar durante diversas semanas sobre Cristo, pan vino que nos alimenta con su palabra y con su cuerpo y sangre».

El relato del evangelio es central en esta liturgia. Como continuación del signo de los panes, Jesús empieza a explicar el verdadero sentido del signo, que fue malinterpretado. La primera lectura ayuda a comprender la alusión al maná que se hace en el evangelio y la exhortación de Pablo en la segunda lectura invita a revestirse de Jesús como forma concreta de aceptarlo.

La humanidad tiene necesidades primarias, como el pan y la seguridad existencial. Con esta mentalidad vienen en busca de Jesús los que se han beneficiado del signo de los panes, esperando que les asegure estas necesidades. Jesús critica este tipo de búsqueda por pobre y corto e invita a buscar en él algo mucho mejor, no el alimento que perece sino el que permanece para siempre. Le preguntan en seguida: ¿qué tenemos que hacer? La respuesta de Jesús es fundamental: Dejaros hacer, es decir, creer en él como enviado de Dios Padre, entregarse a él y dejarse transformar por él. La pregunta –“tenemos que hacer”- deja entrever una mentalidad farisea del que “compra” la salvación con su propio esfuerzo. La respuesta de Jesús va en línea contraria: fundamentalmente “tienen que dejarse hacer”, pues creer es precisamente reconocer la propia pobreza y hacerse fuerte en Jesús, el enviado divino. A los interlocutores les parece muy fuerte esta propuesta y por ello piden un signo, aludiendo al maná, que sirvió a Moisés para acreditarse como enviado de Dios. Entonces Jesús da un paso más y se presenta como el verdadero maná dado por Dios y que alimenta a su pueblo: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.»

Ser cristiano es una entrega personal a Jesús por amor. Esto es fundamental y sin esto no hay vida cristiana. Esta entrega está acompañada de otras acciones como prácticas piadosas y compromisos sociales, pero la entrega personal es el alma de todo. Ser cristiano es vivir una íntima amistad con Jesús, que anima y da sentido a lo demás. Es vivencia de un amor, que, como todo amor, tiene sus facetas fuertes y débiles, pero siempre está presente dando sentido a todo. Por eso Jesús compara la vida cristiana a la unión del sarmiento con la vid (Jn 15,1ss). Y es que por el bautismo estamos injertados en Cristo, compartiendo su vida y su proceso pascual con una vida consagrada al amor del Padre y de los hermanos. Esto implica conocerlo cada vez mejor para imitarlo cada vez más de cerca. Así Jesús es pan de vida que alimenta y da sentido permanente a la vida.

San Pablo invita a revestir a Cristo como forma concreta de entregarse a él. En nuestra cultura la imagen “cambiar de camisa” tiene sentido negativo, pero en la cultura antigua era expresión de renovación total de la persona, de forma que el que la ve, ve al que ha revestido, en el que se ha transformado. Si nos entregamos a Cristo, en quien estamos injertados, lo natural es que actuemos de acuerdo con esta situación. Nuestra forma de pensar, desear, hablar y actuar debe reflejar a Cristo. Así se hace realidad lo que también dice Pablo: «Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí» (Gál 2,20). Se trata de una opción fundamental por amor, que marca un camino que hay que ir recorriendo cada día, con sus altibajos, sin desfallecer. De esta forma alimenta y da sentido a la existencia.

En la Eucaristía Jesús se entrega a nosotros y nosotros nos entregamos a él para hacer posible poco a poco nuestra transformación. En ella nos unimos a su muerte y resurrección y él nos alimenta para vivir como revestidos de él.

Primera lectura: Éx 16,2—4.12-15: Yo haré llover pan del cielo

Salmo responsorial: Sal 77,2-4. 23-24.25.54: El Señor les dio un trigo celeste

Segunda lectura: Ef 4,17.20-24: Vestíos de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios

Evangelio: Jn 6,24-35: El que viene a mí no pasará hambre, el que cree en mí no pasará sed.

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