María, icono escatológico de la iglesia

 

La 1ª lectura invita a ver la figura de María como icono y modelo de la Iglesia. La visión del Apocalipsis presenta la vocación de la humanidad, que es participar la gloria y felicidad de Dios. Para ello hemos sido creados. La mujer glorificada, adornada con atributos cósmicos –la luna a sus pies, el sol como vestido, las estrellas como corona- es la Iglesia del Antiguo y Nuevo Testamento, que da a luz al Salvador y es protegida y salvada por Dios. De ella forma parte María, que es el miembro privilegiado que dio a luz al Salvador. Este es el marco en que debemos ver las diversas celebraciones en honor de la Virgen María: su concepción inmaculada, su aceptación de la maternidad (encarnación), su maternidad y su triunfo final. Hay además otras celebraciones menores, pero estas presentan las grandes coordenadas de la vida de María, que son las coordenadas de todo cristiano y hacen de la figura de María icono de la Iglesia. Todas ellas resumen su existencia y la presentan como modelo e intercesora.

 

La fiesta de la Inmaculada recuerda que Dios está en el principio de la vida de María: antes de la creación del mundo ha elegido a cada uno de nosotros con una tarea concreta, ser santos e inmaculados en el amor por medio de su Hijo. María fue elegida para una tarea especial y para ello Dios la dotó de los medios necesarios. La fiesta de la encarnación recuerda que María cooperó en la historia con su sí, aceptando libremente el plan de ser madre física del Mesías que Dios le había propuesto. La celebración de la maternidad contempla a María entregada plenamente a la tarea encomendada, ser madre de Jesús, tarea que no se limitó a la concepción y parto de Jesús sino que se prolongó durante toda su vida consagrada a su Hijo y su misión y después a los hijos que le encomendó Jesús desde la cruz. Fue madre física de Jesús y a la vez discípula distinguida por lo que Jesús la alaba como oyente de la palabra de Dios (Lc 11,27-28). Finalmente en su asunción compartió plenamente la resurrección de Jesús, llegando a la perfección a la que Dios Padre la había destinado.

 

         Toda la obra de María depende de Jesús y está a su servicio. La liturgia lo aclara en la 2ª lectura por medio de Pablo para evitar ver a María como una magnitud espiritual independiente: su vida es participación del camino abierto por Jesús por medio de su muerte y resurrección, que lo convirtió en nuevo Adán, el primero que resucitó y causa de la resurrección de los demás. Explicita san Pablo que hay un orden para resucitar y que el primero fue Cristo, después todos los cristianos. La Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, nos enseña que María tiene un lugar especial en este orden y que ya comparte esta gloria desde su asunción a los cielos, todo ello porque también fue la persona que más amó a Jesús y compartió su vida.

 

         Finalmente el relato evangélico ofrece una faceta del modo cómo María caminó hacia la plenitud: la fe, la alabanza divina y el servicio. Cuando se entera de la situación de su prima, va “a prisa” a servirla y con ella estuvo hasta el momento en que dio a luz. Su prima alaba su fe, porque ha creído que se realizará todo lo que ha dicho la palabra de Dios y ella retorna la alabanza a Dios, el Dios revolucionario que transforma la virginidad en fecundidad, la pobreza en riqueza y la humillación en realeza.

 

En la Eucaristía se hace sacramentalmente presente la meta que celebramos, Jesús resucitado viene a nuestro encuentro y nos alimenta para seguir caminando. Por él damos gracias al Padre que nos eligió antes de la creación del mundo para que seamos santos e inmaculados en el amor (Ef 1,4) y nos ha dado a María como icono de la vida cristiana y madre que intercede por nosotros.

 

Primera lectura: Ap 11,19a.12,1-6a.10ab: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal.

Salmo responsorial: Sal 44,10bc.11-12ab.16: De pie a tu derecha está la reina enjoyada con oro de ofir.

Segunda lectura: 1 Cor 15,20-27: Primero Cristo como primicia, después todos los que son de Cristo.

Evangelio: Lc 1,39-56: María se puso en camino… El Poderoso ha hecho otras obras grandes por mí; enaltece a los humildes.

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