La fe se manifiesta en las obras

En la celebración de la Eucaristía nos unimos a Jesús y le pedimos identificarnos con él y vivir como él. Pero ¿a qué Jesús? El relato del Evangelio nos dirige la misma pregunta que Jesús dirigió a sus discípulos hace siglos y es fundamental que la respondamos correctamente, pues de eso dependerá nuestra vida cristiana. Ellos entonces respondieron de forma ambigua, afirmando que era el Mesías, por lo que Jesús les mandó guardar silencio, mientras asimilaban la interpretación correcta de lo que significa ser Mesías. Las otras dos lecturas de la celebración ayudan a comprender la interpretación que dio Jesús. La primera recuerda una profecía de Isaías sobre el Siervo de Yahvé, que Jesús se aplica a sí mismo y en la segunda Santiago nos dice que tenemos que vivir de acuerdo con lo que creemos.

El pueblo judío era consciente de sus debilidades, religiosas y políticas, y esperaba de diversas maneras que Dios enviara un salvador. La forma más popular concebía este salvador como un caudillo político-religioso, que instauraría un gran imperio teocrático. Solían designarlo como Rey-Mesías o el ungido rey, es decir, capacitado por Dios para esta tarea. Así pensaban también los discípulos, de acuerdo con la mentalidad dominante.

De hecho históricamente han aparecido diversas formas de interpretar la figura de Jesús, de acuerdo con los diversos sistemas de valores de los grupos. Para una burguesía acomodada Jesús era un maestro de sabiduría, que enseñaba formas correctas de convivencia, para otros era un revolucionario que murió como mártir de la represión imperialista romana, para otros un profeta utópico que anunció la inminente irrupción del reino de Dios y el fin del mundo… Cada una de estas interpretaciones responde al tipo de vida que llevaban sus autores, que de esta forma quieren afirmarla con el ejemplo de Jesús. En el fondo es una manipulación más de la figura de Jesús al servicio de sus propios intereses. Y esta es también nuestra tentación, creer en un Cristo cómodo que no nos complique la vida burguesa.

Jesús nos invita hoy a acoger su interpretación. Es un Mesías sufriente, en la línea del prometido Siervo de Yahvé. Por eso anuncia su muerte y resurrección, y rechaza fuertemente la opinión de Pedro a quien llama Satanás por su forma de pensar, que no responde al pensamiento de Dios sino al de los hombres. Es importante la continuación del relato: “Llamó a la gente y a sus discípulos y les dijo”. Se trata de una enseñanza importante y quiere que todos estén atentos. Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo... La invitación sonaría extraña a sus discípulos. “¿Si alguno quiere venir en pos de mí?... ¡Pero si ya llevamos mucho tiempo contigo!”... Es verdad, pero Jesús quiere que renueven la opción del seguimiento sabiendo que siguen a uno que triunfará mediante la muerte. Y este camino es fundamental para el discípulo. Esto explica que Jesús invite a sus discípulos a compartir este modo de ser, que según los criterios humanos es hacer el necio, pero según criterios cristianos, es el verdadero camino que realiza a la persona.

Santiago en la 2ª lectura nos recuerda que la fe sin obras está muerta, lo que equivale a decir que creer que Jesús es el Mesías implica vivir de acuerdo con este tipo de mesianismo de servicio y humildad. Ser cristiano es igual a ser del Mesías o Cristo (Mesías es palabra hebrea, en griego se dice Cristo) y se es así porque en el bautismo la persona ha sido ungida por el Espíritu e injertada en el Mesías, el que sirve, muere y resucita. Igualmente la Iglesia es cristiana, si en su forma de actuar sigue el camino de Cristo, amor y servicio, hasta dar la vida.

La celebración de la Eucaristía es central para el cristiano. En ella ejerce Jesús como Mesías y el cristiano y la Iglesia purifica y alimenta su identidad cristiana.

Primera lectura: Is 50,5-9a: Ofrecí la espalda a los que me apaleaban

Salmo responsorial: Sal 114,1-2.3-4.5-6.8-9: Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida

Segunda lectura: Sant 2,14-18: La fe, si no tiene obras, está muerta

Evangelio: Mc 8,27-35: Tú eres el Mesías... El Hijo del hombre tiene que padecer... Si alguno quiere venir en pos de mí...

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