Es una acción santa orar por los difuntos

         Una nueva faceta de nuestra fe en la vida eterna. Ayer celebrábamos la Iglesia triunfante, hoy se nos invita a recordar y orar por la Iglesia purgante, por todos aquellos hermanos nuestros difuntos que no han alcanzado todavía la plenitud de la salvación, a la que están destinados. Como dice la 1ª lectura, es una acción santa, querida por Dios que nos sintamos solidarios con ellos y pidamos por su pronta glorificación.

         El camino para la plena salvación es Jesucristo muerto y resucitado. Por eso la celebración de hoy debe tener un acento especialmente pascual, de acción de gracias a Jesús, que nos ha posibilitado el camino que conduce plenamente a la gloria del Padre. El camino es Jesús: Yo soy la resurrección y la vida,  como dice el Evangelio.  El que cree en mí no morirá. Por el bautismo los creyentes nos hemos unidos a Jesús, que es el camino, la verdad y la vida. Ahora se trata de vivir siguiéndole, identificados con él, y si perseveramos en esta vida hasta el final, compartiremos su resurrección.

         La 2ª lectura recuerda que vivir unidos a Jesús implica vivir amando como él lo hizo, hasta el punto de dar su vida por los hermanos. Jesús da su Espíritu a los que están unidos a él para que puedan vivir así, transformando su vida plenamente en el amor. Y el que llega al final de esta forma, unido a Cristo y transformado por el amor, tendrá acceso a la gloria de Dios-amor. Es un final lógico, si Dios es amor puro, solo puede entrar en su plena comunión el que es amor puro. Para eso ha ofrecido gratuitamente los medios necesarios.

         Desgraciadamente no todos los hombres llegan al final en esta situación de amor puro que les permita entrar en comunión con Dios, por lo que necesitan una purificación previa de su amor, que Dios misericordioso concede. Son personas que han muerto en la amistad con Dios, es decir, en gracia de Dios, pero con muchas imperfecciones. Dios no las rechaza sino que las purifica. Esto es el purgatorio, una realidad que pertenece a la fe cristiana. Por la fe sabemos el hecho, pero no sabemos cómo Dios realiza en concreto esta purificación. Solo nos dice la palabra de Dios que oremos por estos hermanos difuntos. Por eso en todas las Eucaristías pedimos por la Iglesia purgante y hoy lo hacemos de una manera especial.

         Hay quien dice que el purgatorio lo pasamos en esta vida, refiriéndose a personas que sufren ahora muchas dificultades. ¡Ojalá fuera verdad que las personas que sufren aprovecharan la situación como medio de purificación de su amor a Dios y al prójimo! que es de lo que se trata, pues la cuestión no es sufrir sin más sino de saber vivir la situación en contexto de amor purificador.  

         En la Eucaristía de hoy obedecemos de manera especial al mandato divino de pedir por los difuntos, petición que debemos hacer máxime cuando muchos de los difuntos son familiares y amigos nuestros.

           El leccionario de hoy ofrece variedad de lecturas. Las siguientes han sido elegidas en función de las ideas propuestas.

Primera lectura: 2 Mac 12,43-46: Es una idea santa orar por los difuntos

Salmo responsorial: Sal 24,6-7.17-18.20-21: A ti, Señor, levanto mi alma

Segunda lectura: 1 Jn 3,14-16: Ningún homicida lleva en sí vida eterna

Evangelio: Jn 11,17-27: Yo soy la resurrección y la vida

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