El cuarto domingo de Pascua es el domingo del Buen Pastor. Cuando Jesús quiere explicar a sus discípulos qué significado tiene la resurrección, no utiliza discursos de una alta elaboración teológica, sino que recurre a imágenes tomadas de la vida cotidiana, y asequibles a todos. De esta manera se presenta como la Luz del mundo, como el Pan de vida, como el Camino que lleva al Padre, La verdad y la Vida… etc. La imagen del Buen Pastor también le es útil al Señor para introducirnos en el misterio de su persona y de su misión.

Lo que realmente caracteriza al buen pastor, según lo dicho por Jesús, es que da la vida por sus ovejas. El “asalariado”, en cambio, no quiere aceptar los riesgos del oficio. Trabaja solo para ganar un jornal, pero no tienen la intención de jugarse la vida porque las ovejas no son de su propiedad. Aquí se muestra también cual es la manera en la que Jesús entiende su vida y ministerio: el Buen Pastor no busca aprovecharse de las ovejas, ni las desatiende, sino que está a su servicio. Y en esto consistió la vida de Jesús, que no vino “a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por todos”.

Esta idea, tan repetida a lo largo de estos pocos versículos, es la más importante para comprender el mensaje central de este pasaje: la muerte de Jesús ha sido una donación libre de su vida en favor de todos nosotros. Es así como nos ha mostrado un amor sin límites, y nos ha salvado, puesto que, entregándose por nosotros, nos ha dado una vida que no se acaba. Ahora es fácil entender por qué los primeros cristianos asociaron esta imagen del buen pastor al misterio de la Cruz del Señor.

Otro de los rasgos que distingue a todo pastor que conozca su oficio es la relación que establece con las ovejas: Jesús es el buen Pastor porque las conoce y ellas le conocen y escuchan su voz. Aquí nos encontramos con una intimidad grandísima, ya que Jesús toma como modelo de su relación con las ovejas aquella que existe entre Él mismo y el Padre. Es una invitación a esa intimidad trinitaria de la que Jesús mismo participa en su vida.

El don que Jesús hace de su vida tiene una doble consecuencia. Una se refiere al rebaño. Por extraño que parezca, el hecho de que el Pastor muera no va a ser causa de dispersión. Al contrario, servirá para que se reúnan en un solo rebaño y bajo la guía de un único pastor. La segunda consecuencia nos habla de la dimensión misionera de la fe. A este rebaño también deben juntarse otras ovejas que no están en este redil. Él ha sido enviado también a aquellos que no forman parte del pueblo de Israel.

Conocer, dar la vida y proteger son los verbos con los que el Evangelio de hoy dibujan la imagen del Pastor que es Jesús y su misión. Pero el evangelio también dirige una mirada hacia el rebaño, hacia los discípulos. ¿Cómo debe ser su relación con el Pastor? Y dice el evangelio que lo conocen, escuchan su voz y le siguen.

                                                                           Francisco Sáez Rozas        

     Párroco de Santa María de los Ángeles

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