La Resurrección

Manuel Antonio MenchónNo puede argumentarse científicamente la existencia o  no de una vida más allá de la muerte. La fe en la eternidad se tambalea, en ocasiones, en algunos creyentes, por los discursos del ateísmo racionalista. Los creyentes, corremos  el riesgo de dejarnos arrastrar, como nuevos saduceos,  por esa  corriente que se presenta como lo único razonable que debe aceptar el ser humano.

Sin embargo, no es poco frecuente que, los que refutan toda vida más allá de la muerte, expresen su increencia incoherentemente. Días pasados era noticia la muerte de un hombre importante en la vida política española de los últimos años. Al comentar su entierro en el cementerio, decían que no descansa sólo,  porque está junto a otros -como él- personajes de la política.  Si la muerte es el final de la existencia… ¿Quién descansa?... ¿Junto  a quiénes descansa?

La Palabra de Dios, hoy, nos presenta la fe firme de aquellos jóvenes que, sufriendo torturas y amenaza de muerte, afirman: “Vale la pena morir a manos de los hombres, cuando se espera que Dios mismo nos resucitará”.

Cuando  hay quienes dicen que con la resurrección, l< religión cristiana  aliena a las gentes sencillas, prometiéndoles  un cielo en la otra vida, aunque aquí sufran, porque así lo quiere Dios, conviene recordar que, en el tiempo de Jesús, la resurrección era, por el contrario, un aliciente para combatir  por la liberación, como lo habían hecho los Macabeos en la guerra contra  los Seleúcidas.  Por eso oponerse a la resurrección era  lo mismo que  renunciar a la  lucha de los que buscaban un cambio. 

Sólo el grupo de los saduceos negaban la posibilidad de la resurrección. Para ellos el premio a la bondad lo daba Dios en esta vida, otorgando riquezas y poder. ¡Qué casualidad que ellos fuesen los ricos y poderosos en  aquel tiempo! Porque a ellos les iba bien, no querían oír de liberaciones  Así, la tesis de la resurrección como alienación se vuelve contra sí misma, pues resulta que los alienados eran los acomodados y los creyentes los que buscan el cambio social.

Pero también se rechaza la resurrección  desde el absurdo de la curiosidad Con preguntas parecidas  a las que le hacen hoy a Jesús en el Evangelio. Pero él, no responde a curiosidades, sólo hace una afirmación desde la misma Palabra de Dios: Dios se define como Dios de vivos: Dios  de Abrahán, de Isaac…Lo que quiere decir  que esos personajes del pasado viven de alguna manera, si bien, estaban muertos desde hacía siglos. Una cosa es creer en la vida eterna y otra es imaginarse cómo será. El misterio que no está rodeado de respeto y discreción, peligra ser banalizado por la curiosidad y, finalmente, ridiculizado.

Manuel Antonio Menchón

Vicario Episcopal

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