LA VISITA MISERICORDIOSA DE JESÚS

Manuel Antonio MenchónNo era un hombre de fiar  entre sus convecinos de Jericó el tal Zaqueo el Publicano, a causa de sus muchos negocios sucios, en el cobro de los impuestos para el Imperio Romano. Usurero y traidor, lo que no era raro entre los de su gremio, que se enriquecían timando a los que tenían que pagar los excesivos tributos en aquella ciudad de gran riqueza agrícola y comercialización de dátiles y cosméticos y puesto aduanero para quienes llegaban de Oriente,  en ruta a Jerusalén y al Mediterráneo.

Curiosa  e irónicamente  Zaqueo en hebreo significa “el justo”. Pero la verdad es que tras su encuentro con Jesús, este nombre le cuadra perfectamente.

Este hombre, mal visto, tenía algo a su favor: El quería ver a Jesús, tal vez por curiosidad o quizá por simpatía hacía lo que ese joven Rabí hacía y decía. . Tal vez le habrían dicho que Jesús se mostraba cercano con la gente de su gremio, publicanos y pecadores.

Pero lo que Zaqueo no podía sospechar es que su curiosidad lo llevaría a un encuentro muy personal con Jesús, al que, una vez más, no le va a  importar sentarse a la mesa con los pecadores, rechazados por los religiosos mas puritanos de la época. Y menos podía presentir que este encuentro supondría un cambio profundo en su corazón y en su vida. 

Jesús ha encontrado a Zaqueo y se fija en él como si fuera una casualidad. Para Zaqueo aquella mirada tuvo que ser una gran sorpresa, sobre todo cuando oyó su nombre de labios de Jesús, pronunciado con una cordialidad, que manifestaba franqueza y familiaridad.  Jesús le ofrece amistad a cambio de hospedarse en la casa, y Zaqueo  encontró lo que más necesitaba en la vida: cariño y afecto.

Cuando uno es invitado a una comida, procura llevar algún detalle. Jesús le llevó no sólo el hermoso regalo de la amistad, si no a demás la misericordia de Dios, de ese Dios, de quien sus convecinos religiosos decían que  le rechazaba y maldecía por sus pecados.

La amistad de Jesús y la misericordia divina calaron profundamente en el corazón de Zaqueo, que se siente " acariciado " por la visita del Dios de Jesucristo a su vida. Y se produce una conversión muy sincera, tanto que llega hasta el bolsillo  y no admite aplazamientos: inmediatamente dará la mitad de sus bienes a los pobres y compensará a quienes ha robado.

Pero el relato evangélico, puede quedarse en mera anécdota del  pasado si no aprendemos a aceptar, como el recaudador,  la mirada de Jesús y  dejamos que Él se cuele  en nuestra casa para transformar nuestro corazón y  para que experimentemos su amor y su perdón.

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