PRIMERA LECTURA: Lectura del libro del Deuteronomio 30,10-14: El mandamiento está muy cerca de ti, cúmplelo.
SALMO 68. Humildes, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
SEGUNDA LECTURA
: Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 1,15-20. Todo fue creado por él y para él.
EVANGELIO
: Lectura del santo evangelio según san Lucas 10,25-37 ¿Quién es mi prójimo?

¿Y quién es mi prójimo?

Estimados hermanos: Paz y bien

Quiero comenzar con unas palabras del difunto Mario Benedetti: “Nada es verdad, nada es mentira, todo depende del dolor con que se mira”. No es mi intención relativizar la realidad, ésta es única. Sin embargo la forma de apreciarla varía, dejo a los psicólogos, biólogos, sociólogos y a los encargados de las teorías del conocimiento los procesos que se desarrollan en los seres humanos para acercarse a la realidad y estudiar los mecanismos que filtran e interpretan la misma.

Lo cierto, es que varios sujetos pueden “ver” lo mismo y no percibirlo de la misma forma, mejor dicho, no padecerlo de igual modo. Esto sucede cada segundo en todas las partes del mundo, pero hoy quisiera centrarme en una curiosa historia que aconteció hace algún tiempo: “(…)un sacerdote al verlo, dio un rodeo y pasó de largo.  Igualmente un levita que pasó por aquel lugar, al verlo, se desvió y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, al llegar junto a él y verlo, sintió lástima”.  Un mismo acontecimiento, tres respuestas bien distintas. La postura del samaritano se contrasta con la actuación del sacerdote y del levita.

Los “profesionales” de la religión, de las leyes y la política dan un rodeo Contemplan con indiferencia aquel despojo humano. Sus intereses y proyectos personales, sus prisas y asuntos son prioritarios y mucho más importantes que aquel ignorado obstáculo que “la casualidad” les ha presentado. ¿Acaso piensan que a Dios se llega rodeando y evitando a los que sufren?

Por fin, el malogrado viajero de Jericó dejaba de ser un objeto molesto e inútil o lo que es peor, indiferente, suscitando compasión en un corazón acostumbrado al desprecio. Recuerdo una cita de la ex –primera ministra británica Margatet Thacher: “el samaritano, además de buenas intenciones, tenía dinero”. Muchas veces le he dado vueltas a este pensamiento, tan aparentemente pragmático y real, con el tiempo me he dado cuenta que representa un pensamiento terriblemente cínico. ¿Tenemos que esperar a tener medios para poder actuar? ¿Puede aquel hombre seguir sangrando entre los matorrales del camino y nosotros mientras tanto ponernos a estudiar la forma de abordar la cuestión? Podríamos concluir que la historia tiene un final feliz y alegrarnos por la acción del buen samaritano. Sin embargo ¿cuántos “samaritanos” existen? Podría ser una buena pregunta, yo diría que muchos, pero la pregunta terrible es otra ¿cuántos arrojados, hambrientos y violentados existen? Demasiados. Están en nuestro camino, también tendremos que rodearlos para evitarlos, porque salen a nuestro encuentro.

Está en nosotros decidir qué papel jugamos en la narración de la vida. ¿Quién quiero ser? ¿Quién soy? ¿Samaritano, Levita o Sacerdote?

Reza el título de esta pobre y débil reflexión ¿Quién es mi prójimo? En la Ley judía es algo muy claro: Todo miembro del pueblo de Dios (Ex 20, 16-17). Aquí sin embargo se nos deja muy claro que es aquel que se aproxima a los demás con amor, aunque sea extranjero. Ahora la pregunta de Jesús es muy distinta ¿Cómo puedo ser yo el prójimo del necesitado?

Que Dios nos bendiga y no permita que nos apartemos del camino
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