PRIMERA LECTURA: Zacarías 12, 10-11; 13,1. Mirarán al que atravesaron
SALMO 62
: Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.
SEGUNDA LECTURA
: Pablo a los Gálatas 3, 26-29. Los que habéis sido bautizados os habéis revestido de Cristo.
EVANGELIO
: san Lucas 9, 18-24. Tú eres el Mesías de Dios. El Hijo de¡ hombre tiene que padecer mucho.

En el texto de Zacarías hemos encontrado una primera confesión de fe. El pueblo  reconoce a un enviado de Dios, aquel al que traspasaron. El texto del Evangelio desborda esta confesión en el personaje de Pedro. Realizada en un contexto de oración es completada por el mismo Jesús con el anuncio de su muerte y resurrección. La cruz aparece como un elemento fundamental para comprender el origen, la persona y el destino de Jesús. Igualmente lo es para vivir el crecimiento en la fe. El discípulo de todos los tiempos ha tomar su cruz y vivirla en el día a día.

La identidad de Jesús queda claramente manifestada en la respuesta de Pedro. Es el Mesías enviado de Dios a los hombres para salvarnos del pecado y la muerte y capacitarnos para la vida divina. Sin embargo su mesianismo está muy alejado de la idea que tenían sus contemporáneos de esta figura. No es un libertador político o un ejecutor moral sino aquel que muere y resucita dando su vida.  Hoy hemos de ser como el apóstol, aquellos que reconocen al Salvador y el camino que ha de recorrer.

Tenemos ante la pregunta de Jesús la necesidad de responder y optar por Él y su camino de cruz de una manera consciente. La mención de la oración de Jesús nos sitúa en un momento importante, los discípulos deben aclararse y conocer el destino al que se enfrentan. El camino del cristiano no es un camino sencillo, la sombra de la cruz aparece a cada instante. Eludirla o frivolizar sobre ella es desconocer su importancia y a Jesús. Enfrentarse a ella “desnudo” es una temeridad absurda. La cruz, repugnante a todas luces, sólo se vuelve diáfana e instrumento de salvación en el misterio de Cristo y junto a Cristo.

La hermosa exposición del texto de Gálatas nos sumerge en la vocación y realidad de los bautizados. Somos nuevas creaturas, revestidos de Cristo. La oración que jalona los momentos más importantes de Jesús ha de convertirse en una constante en nuestra vida. Necesitamos rezar y que nuestra oración sea oración de la Iglesia. Cada domingo somos invitados a mirar, creer y optar por el crucificado presente entre nosotros como resucitado. Es la oportunidad de decir con Pedro, con el Santo Padre, con nuestro Obispo y con toda la Iglesia la confesión de fe. Renovar en ella nuestra vida y tomar fuerzas para cargar con la cruz. Acompañando a Jesús pero realmente sintiéndonos acompañados por el Señor.  No perder la vida, sino ganarla…para siempre.

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