1 Lectura: Hechos 13,14-52. Sabed que nos dedicamos a los gentiles.
2 Lectura: Apocalipsis, 7-17. El Cordero será su pastor, y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas.
Evangelio: Juan 10,27-30.
Yo doy la vida eterna a mis ovejas. 

Este domingo es conocido como el del Buen Pastor, tiene desde tiempos del Papa Pablo VI, el matiz propio de ser jornada de oración por las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. También en algunos lugares se celebra el día de la parroquia. Estos dos aspectos no sólo no menguan la celebración de Pascua sino que al integrarse la enriquecen.

La imagen que nos ofrece el evangelio de Jesucristo es la de Buen Pastor. Para muchos de nosotros que nos hemos alejado del ámbito rural es necesario realizar un pequeño esfuerzo para comprender en toda su complejidad y sencillez esta hermosa figura.

Los primeros miembros del pueblo de Dios fueron nómadas. De ahí que la imagen del pastor con su rebaño pasase a expresar las relaciones de Dios con su pueblo. Frente a los dirigentes que no sirven ni pastorean al pueblo, Jesús se muestra Mesías bajo la figura del buen pastor. Él conoce a sus ovejas, las conduce a los pastos, las defiende de los peligros, se entrega totalmente y da  su vida por ellas.

Las grandes figuras de Israel, Moisés y David, fueron pastores. Ahora, Jesús se presenta como Pastor. Así es el Mesías. Sus credenciales no son jurídicas sino que nacen de su actividad, igual a la del Padre, a favor de los seres oprimidos y desvalidos.

Son rasgos propios del pastor la fortaleza, el aguante, el silencio, la sensibilidad, la capacidad de observación, la sencillez, saber escuchar. Ésta  última característica merece un pequeño protagonismo hoy en día. Ante la numerosa oferta de artículos, sucesos y una insana preocupación por nosotros mismos, corremos el riesgo de perder nuestra capacidad de escuchar. Hoy más que nunca necesitamos filtrar lo que nos gritan desde estos mercados que se han colado incluso en nuestra casa y afinar el oído hacia aquella voz que es capaz de dar VIDA.

Los hombres necesitamos recuperar de nuevo la capacidad de escuchar. En una sociedad enferma como la nuestra, la salud puede venir de la escucha de la Palabra de Dios ..de atender su llamada. Sintonizar con lo mejor que hay en nosotros y percibir en medio de tanta trivialidad y chabacanería el rastro de lo invisible.

Nuestra súplica en este domingo podría ir muy bien encaminada si le pidiéramos a Dios que nos concediera el don de descubrir su presencia. De negar nuestra credibilidad a los falsos pastores que pretenden dirigir nuestras vidas mediante hábiles engaños.

Que no sucumbamos Señor ante la mentira de este mundo y no permitas que nuestra sordera espiritual nos aisle.

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