1 Lectura. Hechos de los Apóstoles 5,27-41. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo.
2 Lectura. Apocalipsis 5,11-14. Digno es el Cordero degollado de recibir el poder y la riqueza.
Evangelio. Juan 21,1-19. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.

Este capítulo suele considerarse como un apéndice, ya que el evangelio de Juan parece terminar con el capítulo 20. No se puede negar que el final del capítulo anterior constituye una conclusión; pero la introducción de este echo es un hecho afortunado. Lleva a término varios temas importantes iniciados en el cuarto evangelio, a la vez, le da una dimensión nueva.

Los discípulos ya no están dentro de la casa, con las puertas cerradas, sino que han salido a emprender su actividad. Jesús ya no se manifiesta  al final del día, hora que nos recuerda la reunión comunitaria, sino en pleno día, por la mañana, en el tiempo del trabajo. La localización junto al lago Tiberíades, nos recuerda el escenario de la llamada a los discípulos y enlaza con el capítulo 6, donde los panes y peces que se repartían indicaban el modo de vida de la comunidad futura.

El pasaje nos habla de la comunidad cristiana. Sin la presencia de Jesús, está destinada al fracaso. El fruto de la misión depende de la escucha y puesta en práctica de la palabra de Jesús.

El gesto de Jesús pidiendo alimento, parecer necesitado y sin embargo ser él quien nos lo ofrece en abundancia y nos lo prepara en la orilla es un buen tema de meditación para toda esta Pascua.

Otro tema muy interesante es ponernos en la situación de Pedro e iniciar este diálogo con Jesús. Tres veces, a semejanza de las tres negaciones, le pregunta si le ama y le da el encargo misionero. Su amor quiere curar la actitud de Pedro. Salgamos de este diálogo con la esperanza firme de ser testigos de Cristo resucitado. Pidamos a Dios que nos ayude a mantenernos fieles pese a las continuas decepciones que vivamos y frente a otros caladeros más atractivos. Nuestra unión con Jesús y con su Iglesia es fruto del amor. Amemos intensamente, no seamos comedidos en amar…No nos detengamos a calcular los riesgos, desafiemos la noche oscura y marchemos hacia su orilla.

Experimentemos el poder de la fuerza del Resucitado. Que ésta brille en medio de nuestra pobreza. Frente a todas nuestras miserias que la respuesta final de Pedro se grabe en nuestro corazón: “Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes que te amo”.

Que Dios nos bendiga  y  siga alimentándonos con su Palabra

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