PRIMERA LECTURA: Lectura del libro de Isaías 6,1-2a. 3-8
SALMO
137: Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor.
SEGUNDA LECTURA
: Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15,1-11
EVANGELIO
: Lectura del santo evangelio según san Lucas 5,1-11

La llamada de Isaías que nos presenta la primera lectura nos muestra los parámetros de la vocación: se realiza en un contexto concreto en el que se experimenta  la santidad de Dios y la debilidad humana.

Así nos introduce la liturgia un tema fundamental en la vida de todo cristiano: La vocación. Estar atentos, percibir y asumir esta dimensión fundamental de la vida cristiana se convierte en una tarea fundamental en el crecimiento de nuestra maduración en la fe.

El evangelio nos relata algunas escenas en las que aparecen Jesús y un grupo de pescadores, que están lavando las redes después de un esfuerzo aparentemente inútil y frustrante. La petición de Jesús de asumir el riesgo de intentarlo de nuevo va a provocar un desenlace inesperado para estos pescadores: La pesca fue tan grande que por el peso casi se hundían…

Este encuentro con Jesús va a cambiar sus vidas. Van a recibir una misión. En adelante serán pescadores de hombres. Su seguridad en las palabras de Jesús les lleva a dejar todo para seguir a Jesús.

Podríamos asombrarnos de la firmeza de la respuesta de estos sencillos trabajadores, pero no apartemos nuestra atención del verdadero protagonista: Jesús. Él tiene la iniciativa. La pesca resulta abundante porque él la dirige.

Esta llamada, no ha dejado de realizarse desde entonces. Jesús sigue llamándonos. No importa que hayamos fracasado, estemos cansados o seamos pecadores.

La misión es amplia y continua necesitando hombres y mujeres generosos que la prolonguen en el tiempo y en el espacio. Todos los cristianos somos llamados por Jesús para construir el reino de Dios y para anunciar la buena noticia.

Este relato, junto con otros muchos que el Nuevo Testamento nos presenta como paradigmas de vocación, nos invitan a continuar este hermoso ejemplo que nos dejaron nuestros padres en la fe y reconocer la vitalidad misionera de los primeros cristianos.

¿Encontrará Dios tanta generosidad en nosotros como en aquellos hombres?

Pidamos al Señor para que nos dote de un corazón agradecido y broten en nosotros el entusiasmo y la vitalidad que la misión de evangelizar requiere.

Que Dios les bendiga

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