En el evangelio de este domingo escuchamos la Parábola del Hijo pródigo, Lucas es por excelencia el evangelista de la ternura de Dios. Mejor que ningún otro nos ha mostrado cual es el rostro misericordioso del Padre. Sin duda, este evangelio es una bella radiografía de como es el corazón del Padre.  Jesús no se conforma con presentar a Dios como padre de misericordia, sino que matiza la forma en que el Padre ejerce la misericordia. A pesar del pecado humano, Dios permanece siempre a la espera del retorno del hijo. El verdadero protagonista de la parábola no es el Hijo sino el Padre cuya misericordia es infinitamente más poderosa que el pecado y la estrechez de los hombres.

La regla fundamental en el derecho israelita es que solo los hijos varones tienen derecho a la herencia. El hijo menor no solo se limita a pedir, sino que lo exige. Dame la parte de la herencia que me toca.  El Hijo menor, reuniéndolo todo, abandona la casa paterna. Sin embargo, la parábola nos describe la situación de dolor del hijo. La experiencia de estar separado del Padre es una experiencia que destruye porque sumerge en el sin sentido.

Impresiona ver como el hijo menor entra en sí mismo, y cuando reconoce su pecado y es consciente de la ruptura con el Padre y de su pérdida de la dignidad de hijo, es cuando decide reemprender el largo camino de la conversión. Cuando su situación no puede ser más desesperada decide volver a la casa del Padre.  El mismo ha desordenado su vida. Precisamente eso es el pecado: una ruptura con Dios que nos lleva a romper nuestra propia vida; hacer añicos el proyecto de Dios para con nosotros y destrozar la relación con los hermanos. Consciente de su pecado no se deja hundir y regresa.

Para expresar la reacción del Padre la parábola indica tres actitudes: dos externas y una interna. La primera es que se le conmovieron las entrañas. El hecho de conmoverse las entrañas refleja el aspecto maternal del amor y la ternura. A una madre, en el momento de dar a luz a su hijo se le conmueven las entrañas. Pero esa actitud interna se manifiesta también externamente. El padre vuelve a otorgar la categoría de hijo. El traje, los criados le visten, el anillo, las sandalias, describen como el padre restituye al hijo la dignidad perdida. Además, le besa afectuosamente. En ningún momento ha aplicado el padre, como suponía el hijo menor, el tipo de justicia basado en los modelos humanos, lo perdona desde lo más profundo de su corazón y eso le basta.

Sin duda esta parte viene a decirnos que el protagonista de nuestra conversión es Dios. La cuaresma nos pide abrirnos a Dios desde la experiencia del propio pecado, pero también desde la confianza en que él es Padre misericordioso. Y una vez que experimentemos en nuestra vida el perdón y la misericordia de Dios no tendremos más remedio que celebrarlo y vivirlo con los demás. Hoy, de una manera especial, invito a todos a no conformarnos con este comentario, a leer con paz y silencio este precioso pasaje de San Lucas, porque en el encontramos descrito bellamente como es el corazón de Dios.

Francisco Sáez Rozas 


                           

Pin It

BANNER02

728x90