Casi acabando la cuaresma en la liturgia de este domingo leemos en el evangelio el relato de la mujer adultera. ¿Porqué la Iglesia nos hace escuchar este encuentro del Señor con aquella mujer en esta semana? Sin duda, en este pasaje descubrimos cual es el significado de la cruz para nosotros.  En la introducción a este evangelio nos encontramos a Jesús enseñando en el templo de Jerusalén. Tras terminar un grupo de fariseos se presentan con una mujer sorprendida en adulterio y la colocan “en medio de todos” que es el lugar de los que van a ser juzgados. Jesús, está agachado sobre la tierra en la que escribe, y esto es toda una enseñanza: inclinado sobre el hombre, ha venido no a condenar al mundo, sino a salvarlo. Jesús agachado sobre la tierra, y la mujer de pie. Algo similar acontece en el lavatorio de los pies. Dios se abaja, para que el hombre sea ensalzado.

A esto el Señor pronuncia: “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Es una invitación del Señor a que no sean jueces de nadie, sino solo de sí mismos. A que cada uno mire su propio pecado. Que se traten con el mismo rigor que han demostrado frente a aquella mujer. Que fácil resulta en la vida juzgar a los demás. El Señor no ha venido a condenar, sino a ofrecernos el perdón de parte de Dios.  En la actitud de Jesús ante aquella mujer descubrimos el significado de su cruz: el no ha venido para Juzgar, sino para buscar lo que estaba perdido, para liberar a quien está aprisionado por la culpa y para salvarnos y perdonarnos cuando el corazón nos acusa.

En la misma cruz el Señor rezará pidiendo el perdón para todos “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”. En realidad no hacía otra cosa que poner en práctica lo que tantas veces había predicado ”amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persiguen” (Mt 5,44), “amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odien” (Lc 6,27-35).Toda la vida de Jesús fue un pregonar el perdón de Dios y una invitación a hacer vida ese perdón en nuestros hermanos.

Jesús sabe mirar el corazón. No reduce la  persona a su pecado. Todo ser humano es más grande que su culpa, y no tenemos derecho a reducir a nadie a su culpa. Esto nos debe ayudar. Es clemente con el pecador, no así con el pecado: “Mujer, nadie te ha condenado; yo tampoco te condeno, vete y en adelante no peques más". Por eso Jesús se precipita a pedir perdón para el hombre. Tiene razón el evangelista: “Dios no envió a su Hijo al mundo para que lo juzgara, sino para que el mundo se salve por Él” (Jn 3,17). El evangelio de la mujer adultera es la expresión vivida de lo que significa la cruz.

                                           

                                                                      Francisco Sáez Rozas

Pin It

BANNER02

728x90