Nos presenta el evangelio de este domingo uno de los discursos más difíciles de Jesús, en el que alerta a todos los que quieren ser sus discípulos sobre la consecuencia de serle fiel. En un primer momento les llama la atención acerca del “engaño”: «Tened cuidado que vendrán muchos diciendo yo soy». No cabe duda que el discípulo debe andar bien despierto antes tantas salvaciones diferentes como las que hoy se nos ofrecen, incluso solapadamente, en forma de comunismo, de hedonismo, de guerra. Se nos invita a una vida cómoda que no nos cuestione ni nos comprometa. Vive el momento y no te compliques, podría ser muy bien su lema.  Andar vigilante implica conocer bien que dice el evangelio de Jesús para mantenernos fieles a él, y tener un espíritu crítico para no desvirtuar la fe, acomodándola a nuestra sociedad.

Pero Jesús también les habla a sus discípulos de persecución. Lo normal en la vida cristiana es la persecución y lo que nos lo que nos debe alertar es la falta de la misma. Si el camino del maestro paso por la cruz, ¿Por qué queremos recorrer otro de éxito sus discípulos?  Por consiguiente, no se trata de buscar en la fe una especie de paraíso donde poder evadirnos de un mundo que cada vez aparece con más signos de caducidad. El evangelio no pretende “anestesiarnos” frente a la realidad sino comprometernos. Y es cierto que no es fácil porque la tarea de poner luz y la verdad en un mundo sumido con demasiada frecuencia en la oscuridad y la mentira no es ocasión de reconocimiento, sino de rechazo. Pero la fidelidad se forja en la dificultad. Posiblemente hoy seamos menos cristianos (cuantitativamente), pero seguramente somos mejores cristianos (cualitativamente) pues hoy nuestra sociedad nos señala por el simple hecho de ser discípulos de Jesús.

Y, aun a pesar de tanta dificultad, encontramos una preciosa invitación a la esperanza: «no tengáis miedo», él va a poner en nuestra vida palabras que ninguna sabiduría humana podrá refutar. ¿Qué palabra puede ser esa? El mismo evangelio habla de dar testimonio. La primera Carta de Pedro dice: «en vuestros corazones estad siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza» (1 Pe 3,15-16). Aquí Pedro exhorta a no dejarse paralizar por el temor ante la dificultad, sino a "exponer de palabra y obra nuestra esperanza". Es decir que sea su vida de amor, perdón, dulzura la que muestre que hay una esperanza que les anima aun en la adversidad, de tal manera que la propia vida se convierta en un interrogante.

 Franciso Sáez Rozas

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