IMPORTAN LOS HECHOS, NO LOS DERECHOS

El personaje anónimo que le pregunta a Jesús anónimo que le pregunta a Jesús "¿Serán pocos los que se salven?". no está muy interesado por su propia salvación. Y tiene dudas de la salvación de los demás. Pregunta por los que se van a salvar. El se excluye. No le pregunta si “él se salvará”. El veía la salvación como un logro inalcanzable.

Además . pensaba, que salvarse algunos, estos tendría que ser judíos, por el hecho de ser miembros del “pueblo elegido”,   mientras que los demás -los hombres y mujeres  de la gentilidad- no podrían salvarse. Por eso la respuesta de Jesús va por el camino de decirles que no basta ser miembros de un pueblo -aunque sea el pueblo de Dios- sino que es preciso el esfuerzo personal por cumplir la voluntad de Dios, por vivir en comunión con Él. De ahí que les advierta que muchos "de Oriente y Occidente, del Norte y del Sur" -es decir, de los pueblos que muchos judíos solían considerar "excluidos", "condenados"- "vendrán y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios".

Y ya pensando en nosotros, debemos decir que esta mentalidad de muchos judíos de entonces -no de todos, no de los profetas por ejemplo-, esta mentalidad sigue presente en algunos cristianos: es peligroso considerarse con derecho a salvarse, porque seamos católicos de toda la vida,  porque lo importante es vivir de hecho según el camino  propuesto por el Seños. Importan los hechos, no los derechos.

Tenemos la tentación de seguir pensando que nosotros somos los buenos -los que nos salvaremos- y los otros -los no cristianos, la gente de ideologías y creencias diversas u opuestas- los malos, los que difícilmente se salvarán. Por ello, la primera conclusión después de escuchar este evangelio, debería ser: Jesucristo nos dice que el hecho de salvarse o no, no depende fundamentalmente de ser miembro de la Iglesia, del llamarse cristiano. Depende -entonces como ahora- del vivir en comunión con Dios. Lo que importa son los hechos. No basta confiar en que "hemos comido y bebido" con Jesucristo -es decir, que hemos participado en la Eucaristía y en los sacramentos-, ni en que "tú has enseñado en nuestras plazas" (es decir, haber escuchado su evangelio, la catequesis de la Iglesia, etc.). Todo esto es sin duda muy importante para quienes creemos en Jesucristo, pero no basta. Mejor dicho: de nada sirve si no va unido con una vida en sintonía de hechos con la voluntad de Dios, con su Reino. Si no hay esta sintonía, Él nos dirá: "No sé quiénes sois".

Manuel Antonio Menchón

Vicario Episcopal

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