Señor, me cansa la vida», dijo Antonio Machado verbalizando una experiencia de pesadez existencial que se repite con demasiada frecuencia. Se pueden buscar muchas causas que den explicación a esta situación y, generalmente, todos los motivos que se presentan hacen referencia a situaciones externas.

El fragmento del evangelio de hoy; la versión de las bienaventuranzas que nos presenta san Lucas, son una invitación a vivir despreocupados de los elementos externos que nos rodean y cambiar radicalmente nuestra actitud vital.

Jesucristo llama bienaventurados a los pobres, los que tienen hambre, los que lloran y los que son perseguidos. Desde nuestros parámetros habituales, cualquiera de estas situaciones, supone la comprensión de la existencia como verdadero drama. De hecho, huir de cualquiera de ellas, se ha convertido en el principal motor que mueve nuestra vida. Tenemos tanto miedo a no tener lo «necesario» para vivir dignamente, a no poder «disfrutar» ampliamente de lo que hemos conseguido, a no «alcanzar» la felicidad o a no ser reconocidos y queridos, que nos hemos olvidado de vivir.

La clave de comprensión de la vida no está en asegurarla, sino en vivirla. Cuando uno pasa su vida intentando asegurarse de que no le falte nada de lo «necesario» para tener una vida completa, suele malgastar la existencia, puesto que pasa por la vida tan agobiado, que no tiene tiempo de vivir.

La propuesta de Jesucristo, expuesta en estas cuatro frases cortas y en sus cuatro antítesis, consiste en liberar la existencia de las cargas que nosotros le hemos echado encima para que, de esa manera, podamos vivir la vida. La clave de la felicidad no está en qué tenemos o en qué nos falta, sino en la actitud con la que vivimos. Si uno intenta asegurar su vida, lo más habitual es que la vida termine cansando y extenuando. Sin embargo, cuando uno vive la vida sabiendo que es Dios quien la sustenta y no nuestro esfuerzo continuo, entonces, la vida se presenta como camino de posibilidades; donde las circunstancias negativas se harán presentes, pero no podrán hacer tambalearse el corazón de quien ha fundamentado su existencia sobre la palabra de vida dada por Dios y no sobre la confianza humana de lo que uno mismo puede conseguir. Las bienaventuranzas propuestas por Jesús son una inversión de los caminos humanos de felicidad. Pero si la vida nos cansa con demasiada frecuencia, ¿no merece la pena intentar recorrer este camino diferente que nos ha propuesto Jesucristo?

Victoriano Montoya Villegas

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