EL GUSTO DE ORAR

Las lecturas que nos propone este domingo, son una invitación a la confianza en Dios, una invitación a tenerlo muy presente en nuestras vidas y a ser capaces de presentarle sin temor nuestros deseos, nuestras preocupaciones y necesidades.

El poder contar con Dios, no quiere decir que tengamos que esperar que él nos resuelva todos los problemas y menos aún que se ponga a favor de nuestros pequeños intereses. Pero sí quiere decir que él nos da la mano en nuestro caminar, nos da fuerza y valor. Es tener a alguien al lado que no nos deja nunca, es poder vivir todo acontecimiento, por duro que sea, acompañado por un amor muy grande, pleno, infinito.

La oración, siguiendo la enseñanza de Jesús,  es camino de comunión con Dios, que nos lleva a la comunión y el diálogo con los hombres. La oración más que hablar es escuchar; más que encontrar es buscar; más que descanso es compromiso; más que conseguir es esperar. Rezar es estar abiertos a las campanadas de Dios, a sus rutas y a sus proyectos, como quien busca aquello que no tiene y lo necesita. Así la oración aparece como regalo, como misterio, como gracia.

Con frecuencia hay cristianos que manifiestan con toda sinceridad el trabajo que les cuesta buscar momentos para la oración y orar de verdad en esos momentos.

La oración ciertamente no debe ser un capricho, algo que depende del tener o no tener ganas. Pero evidentemente que tampoco debe ser una desazón, algo que hago a disgusto, porque hay una

Porque la Iglesia insiste en que oremos, o porque así me lo impone el grupo o asociación a la que pertenezco o porque sea una costumbre de familia.

El acto de orar debe ser un momento de disfrutar de algo que nos  encanta, como nos apetece las cosas buenas. ¿Nos encanta conversar con los amigos…?,Pues ahí tenemos  al Dios amigo de los hombres, que le encanta hablar con nosotros. ¿Nos interesa aprender cosas…? Pues ahí tenemos al Dios Maestro de la vida, que desea enseñarnos a ser felices, aprendiendo de Él a amar.

¿Nos alegra sentirnos apreciados y amados…? Pues nadie nos ha dado más pruebas de amarnos que el Dios misericordioso, compasivo y comprensivo con nosotros, siempre dispuesto a darnos el abrazo del perdón.  

Este gozo  por la oración como muchas veces no es perceptible, nos resulta difícil de entender. Como es un gusto espiritual, es un gusto que sólo el Espíritu Santo nos puede regalar. Por tanto, más que esforzarse por gustar la oración, habremos de esforzarnos por pedir al Espíritu el gusto de orar. El gusto de orar es una riqueza para cada cristiano y para toda la Iglesia.

Manuel Antonio Menchón

Vicario Episcopal

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