LA ASIGNATURA DEL AMOR

La humanidad tiene una asignatura pendiente, que no aprueba, por muchos exámenes extraordinarios que se le están  concediendo. Incluso hay quienes piensan que debe de excluirse del currículo de humanidad y si es preciso, expulsar de la escuela del mundo al profesor. Pero lo más lamentable es que bastantes cristianos también  estamos suspendidos y no pasamos el examen ni de cerca.

La asignatura del amor no reina en la Tierra y sólo unos poquitos practican realmente el mandamiento principal de Cristo. Y, tristemente,  el que sean menos los que aman al estilo de Jesús, que los que se dicen cristianos se da en nuestra época, como se ha dado en toda la historia  del cristianismo. 

Pero no sólo hay suspensos en amor, sino que la gran  mayoría sacamos notas sobresalientes en asignaturas alternativas en las que se programa el odio, la envidia, la violencia, la injusticia, la indiferencia, el propio interés… No es que los catedráticos de esas artes sean mejor que el Maestro que dio la más maravillosa lección de amor (dar la vida por los que amaba), pero si tienen mucha verborrea y seducen a los oyentes, con eso de ir cada uno a los suyo, ¡que bastante tiene! Por eso ante la dificultad  de aprobar en amor, el número de  alumnos matriculados decrece por días.  Y más cuando se lee en los manuales eso de amar  los enemigos…

Si el Divino Maestro se hubiera limitado a decirnos que nos amemos, no hubiera sido demasiado original. Es la lección que se nos enseña desde niños. ¡Eso sí, amar a los que nos aman y nada más…!. Pero Jesús  dice, que debemos amarnos como Él nos ha amado. Y esto ya son palabras mayores.

¿En qué consiste entonces la novedad de este mandamiento? Todos los judíos observantes, incluidos los discípulos de Jesús,  habían aprendido desde niños que el amar al prójimo como a uno mismo era un precepto establecido por Dios. Pero la pregunta clave es esta: ¿Es que podemos amar al prójimo más que a nosotros mismos? Esa es la pregunta que  debieron pensar entonces los discípulos que escuchaban aturdidos estas extrañas palabras del Maestro Sí, les había dicho  en más de una ocasión que aprendieran a amar a los demás como él les amaba a ellos. ¿Es que él les amaba a ellos más que a sí mismo?

Si  cumpliéramos, de verdad,  el mandamiento nuevo, todo en nuestra vida sería nuevo. La tierra sería una tierra nueva y hasta el aire que respiramos y el ambiente social en el que nos movemos serían nuevos, como es el deseo de Dios, que Jesús comenzó a realizar implantando el reinado de Dios,   en esta atmosfera contaminada y esta tierra desmantelada por nuestra desmedida ambición y nuestro desmedido egoísmo. Dios todavía no ha podido completar su promesa de un mundo hogar de fraternidad, porque la falta de alumnos o los malos alumnos de Jesús, no aprueban, y por tanto no  enseñan, la asignatura del amor.

Manuel Antonio Menchón

Vicario Episcopal

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