PROTAGONISTAS: LOS POBRES

Jesús, en la parábola de hoy se dirige a los fariseos y por eso, utiliza las expresiones sobre el más allá tradicionales a este grupo religioso: dos lugares separados por un gran abismo: arriba el llamado “seno de Abrahán”, que era la meta, después de la muerte,  con la que soñaban los judíos piadosos; y abajo el abismo y el lugar de los tormentos.

Esta descripción de un arriba, un abismo y un abajo, tiene fuertes evocaciones geográficas, pero no es la verdadera enseñanza de Jesús sobre la vida eterna; simplemente la usa para que los fariseos pudieran entender el mensaje de la parábola.

Los cristianos sabemos que la vida después de la muerte no  se da en un lugar geográfico, situado en alguna parte, sino que  es un estado o forma de vida: el cielo es vivir la cercanía e intimidad con Dios; el infierno es  vivir en eterna soledad e incomunicación.

Pero centrándonos ahora en los personajes de la parábola, observamos que  en las diversas parábolas narradas por Jesús, ninguno de sus personajes tiene nombre propio. Pero hoy hace una excepción: uno de los protagonistas, el mendigo, se llama Lázaro; el otro protagonista, el rico, carece de nombre, es un ser anónimo.

Se ve que esta parábola no fue escrita por los periodistas que nos describen la vida social. En todos los periódicos,  las revistas y las televisiones del mundo, en las páginas sociales se publican los nombres y los apellidos de las personas importantes. Jamás un indigente ha figurado como protagonista en estas crónicas, a no ser que muera de hambre o frío en la calle.

Jesús  tiene otro estilo narrativo: el rico es el desconocido, que carece de nombre, y el mendigo es claramente identificado como Lázaro, nombre se viene repitiendo desde hace más dos mil años.

De nuevo  es desconcertante el Evangelio. El pasaje de hoy  nos describe la apuesta más fuerte que se haya podido dar en favor del hombre, sobre todo del desvalido y menos pudiente. Y, sin embargo, no podemos decir que el Evangelio sea un manual del insurgente o  un programa de política social. Jesús no se alista con los independentistas nacionalistas de su tiempo, ni participa en las revueltas de los revolucionarios de entonces. No obstante, ahí está su mensaje, su denuncia, su apuesta por la dignidad y la libertad del ser humano.

Después de su muerte, sus discípulos meditando sobre el contenido de su vida y de su mensaje,  continúan esa lucha a favor del ser humano. Y esto hace que, poco a poco, se vaya transformando el mundo de las relaciones humanas. No hay grupo humano que, a lo largo de la historia, haya puesto más generosidad a favor de los demás, que la Iglesia. Es verdad también que los cristianos, como seres humanos débiles e influenciados por  momentos históricos, han cometido grandes errores y pecados. Pero si pusiéramos en una balanza lo bueno y lo malo realizado a favor de la humanidad por  el cristianismo, estoy seguro que la balanza se inclinaría de una manera muy positiva. 

Manuel Antonio Menchón
Vicario Episcopal

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