Si morimos con Él, viviremos con Él

          En este domingo se van a beatificar en Tarragona quinientos y pico hermanos nuestros que han hecho verdad lo que afirma Pablo a Timoteo: Si morimos con él, viviremos con él. Pablo invita a Timoteo a afrontar con ánimo las dificultades y sufrimientos propios de la vida cristiana y apostólica, lo mismo que lo está haciendo él. Para ello tiene que recordar constantemente a Jesucristo, resucitado de entre los muertos. Recordar no es un simple traer a la memoria sino un traer a la memoria dinámico que impulsa a la acción. En este caso es recordar que el resucitado es el que murió en la cruz y que por ello vale la pena sufrir por Cristo, pues resucitaremos con él. Este recuerdo le ha llevado a Pablo a actuar con libertad predicando la palabra de Dios, sufriendo por ello como si fuera un malhechor. Lo explica muy bien en 2 Cor 14,11-14: Pues, aunque vivimos, nos vemos continuamente entregados a la muerte por causa de Jesús, a fin de que también la  vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal.

 De modo que la muerte actúa en nosotros, mas en vosotros la vida. Pero teniendo aquel espíritu de fe conforme a lo que está escrito: Creí, por eso hablé, también nosotros creemos, y por eso hablamos, sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús, también nos resucitará con Jesús y nos presentará ante él juntamente con vosotros.

          Jesús no fue un masoquista que buscó el dolor por el dolor o el enfrentamiento por el enfrentamiento. Jesús buscó siempre hacer la voluntad del Padre y esta era dar vida a los hombres y denunciar  estructuras, instituciones o personas que se oponen a ello. Esto le llevó a enfrentamientos, que aceptó, y a la muerte. Pero el Padre le resucitó y le constituyó el primogénito de los muertos, puesto que compartirá su gloria con todos los que siguen sus pasos, especialmente con todos los perseguidos por su nombre.

          El cristiano por el bautismo está unido a Cristo, el amigo que nunca abandona. Por ello le acompaña en el momento de la muerte y le da fuerza para afrontarla como cristiano, perdonando y amando. Por eso habla Pablo de morir con él. No abandona y el que muere unido a él, resucitará con él.

          Hoy día son miles los cristianos que sufren por el hecho de ser cristianos y, sostenidos con la gracia de Dios, se mantienen fieles, sufriendo marginación social, pobreza, privación de libertad, y hasta la muerte.  El Apocalipsis  12-13 presenta como agente de la persecución a Satanás (el dragón) ayudado por el poder político-militar (bestia del mar, Roma) y por el poder cultural (bestia de la tierra): aquél prohíbe, destierra, encarcela, mata, éste ridiculiza, margina... ambas siguen activas hoy día: Paquistán, Egipto, Nigeria... y en los países occidentales, Francia...  y entre nosotros de distintas maneras se persigue al que no acepta lo políticamente correcto. Los actuales mártires, junto a los pasados, siguen siendo ejemplos para nosotros y nos estimulan a dar testimonio cristiano entre las dificultades. Los mártires son objeto de la bienaventuranza de Jesús: Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron  a los profetas anteriores a vosotros (Mt 5,11-12). La persecución a los cristianos es un hecho normal  que no debe extrañarnos.

          Aunque en esta beatificación masiva de mártires se quiere soslayar en un contexto de reivindicación de “Memoria histórica”, la evocación de la guerra civil es inevitable. No se trata de condenar a los autores de las muertes, que fueron perdonados por sus víctimas y que en su mayor parte ya no viven. Lo hicieron por ignorancia, adoctrinados y víctimas de un fanatismo que no acepta al otro que disiente. Desgraciadamente este fanatismo sigue presente y es una invitación a educar la presente generación en la aceptación y respeto del que disiente religiosa, cultural y políticamente. La libertad de religión y de expresión es fundamental en una sociedad democrática y es querida por Dios.

          La 1ª lectura y el Evangelio invitan a la acción de gracias. La Eucaristía es su mejor expresión. En ella hoy damos gracias al Padre por todos nuestros hermanos que dieron testimonio de su fe con su vida y pedimos amor fuerte para todos los que tienen que sufrir ahora por su fe.

 

Primera lectura: 2 Re 5,14-17: Volvió Naamán al profeta y alabó al Señor

Salmo Responsorial: Sal 97,1-2.3ab.3cd-4: El Señor revela a las naciones su salvación

Segunda lectura: 2 Tim 2,8-13: Si perseveramos, reinaremos con Cristo

Evangelio: Lectura del santo Evangelio según san Lucas 17,11-19: ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gracias a Dios?

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