Dialogar con Dios

          Dios es nuestro padre y, como tal, quiere y desea tener relación dialogal personal con cada uno de sus hijos. Las lecturas de hoy hablan de los dos elementos necesarios para dialogar con Dios, la palabra de Dios (2ª lectura) y la oración (1ª lectura y Evangelio). La palabra nos permite escuchar a Dios y la oración responderle.

           A veces nos quejamos del silencio de Dios, pero Dios nos habla siempre y de muchas maneras, lo que sucede es que no hemos aprendido a escucharle e interpretar su voz: nos habla en nuestros sentimientos, en los acontecimientos que vivimos, incluso en sus silencios, que son “sonoros”, y especialmente por su Palabra escrita, la Sagrada Escritura.

          S Ignacio de Loyola aprendió a interpretar sus sentimientos: cuando leía vidas de santos sentía alegría de fondo, cuando libros de caballería disgustos, y sacó la conclusión de que Dios le hablaba e invitaba a imitar a los santos. Igualmente nos habla por medio de los acontecimientos, así en una situación de crisis económica como la nuestra nos invita a la solidaridad y austeridad. Incluso en los silencios en que no sentimos nada y parece que Dios está ausente, realmente nos está hablando, pero exige, como en los casos anteriores, que nos paremos a reflexionar a la luz del Espíritu Santo para ver qué nos dice.

          En la Sagrada Escritura nos habla de un modo más claro, por ello tiene mucha importancia en la vida cristiana. Como recuerda san Pablo a Timoteo Ella puede darte la sabiduría que por la fe en Cristo Jesús conduce a la salvación. Toda Escritura inspirada por Dios es también útil para enseñar, para reprender, para corregir, para educar en la virtud: así el hombre de Dios estará perfectamente equipado. Se trata de una colección de libros (Biblia significa libros) que son testigos de toda la Historia de la salvación, en la que ahora estamos insertos y caminamos nosotros. Como libros testigos, nos recuerdan cómo se ha manifestado Dios a lo largo de la historia y cómo debemos corresponder, y lo recuerdan fielmente, pues están inspirados por el Espíritu de Dios. Por ello, cuando se leen con las debidas disposiciones, Dios nos habla. Este es el sentido que tiene la exclamación al final de las lecturas en la celebración eucarísticas: Palabra de Dios (o del Señor), es decir, Dios (el Señor) nos acaba de hablar. De esta forma, como dice san Pablo, sirven para  enseñar, para reprender, para corregir, para educar en la virtud. Desconocer las Escrituras es desconocer a Cristo, dijo san Jerónimo.

          La palabra de Dios es un gran don que se nos ha dado, que debemos conocer y dar a conocer a los demás. Hoy, día del Domund, la Iglesia nos recuerda este deber de dar testimonio de nuestra fe.
         La oración es el medio que tenemos para responder a Dios. Hoy nos recuerda la palabra de Dios que debe ser perseverante, a pesar de la impresión de que Dios no nos escucha. Esto hace que algunos la dejen. Por eso termina Jesús con estas palabras «
Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?» Hay que perseverar porque Dios siempre nos oye, pero en el tiempo y modo que cree más conveniente.

          La celebración de la Eucaristía es actuación del diálogo Dios-Iglesia: en la liturgia de la palabra él nos habla, en la liturgia sacrificial respondemos por medio de Jesús.

 

Primera lectura: Ex 17,8-13: Mientras Moisés tenía altas las manos en oración, vencía Israel.

Salmo Responsorial: Sal 120,1-2.3-4.5-6.7-8: El auxilio me viene del Señor que hizo el cielo y la tierra.

Segunda lectura: 2 Tim 3,13-4,2: Con la Sda Escritura el hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena.

Evangelio: Lectura del santo Evangelio según san Lucas 18,1-8: Dios hará justicia a los que le claman.

Pin It

728x90ES2

BANNER02

728x90