AL ATARDECER SÓLO TE EXAMINARÁN SOBRE EL AMOR

El mar significaba para la cultura hebrea el peligro y la muerte; los peores males venían del mar porque era para los judíos lo más desconocido.

La noche es oscuridad y ceguera, poder de las tinieblas, reino de la mentira, símbolo del mal. La noche es también símbolo de la ausencia del Señor.

No pescar nada era un serio fracaso para hombres nacidos y familiarizados con el mar.

En la barca, en medio del mar,  están los hombres con sus esfuerzos y fracasos, desengaños y malas experiencias. Pasaron la noche trabajando y no pescaron nada. La noche sin pesca es el fracaso humano.

Esto le puede ocurrir a la Iglesia con sus muchos medios, instituciones, universidades, posibilidades materiales y humanas; ahora, incluso, las páginas de Internet, pero si el Señor Resucitado no está presente en ella, le seguirá ocurriendo lo de los apóstoles: “Aquella noche no cogieron nada”. Las comunidades cristianas necesitan permanentemente de profetas que le digan con la toda libertad: “¡Es el Señor!”, para verlo en los signos de los tiempos.

Cuando Jesús se hace presente todo es distinto: pone el mar al servicio de los discípulos, ilumina la noche, llena el vacío, multiplica el fruto de los afanes de la pesca. “Estaba ya amaneciendo cuando se presentó en la orilla...”. Los discípulos escuchan a Jesús, cambian de método y las redes se llenan. Jesús sugiere modos nuevos: “Echad las redes al otro lado”, es decir, busca de otro modo, con más calma y poniendo la seguridad y la fe en la Palabra.

La fe en el Resucitado no exime a nadie de sus compromisos ordinarios, pero un creyente dignifica esos compromisos. La primera consecuencia de creer en la resurrección es dignificar la vida. La vida se dignifica respetándola en todos sus aspectos y manifestaciones, respetando los derechos humanos que procuran cuidar la vida, trabajando por la paz y evitando toda violencia.

El discípulo amado quien dice a Pedro: “Es el Señor”, pero es Pedro quien conduce la barca y confirmado su amor por Jesús, ahora Pedro sabe el final del camino.   Él siempre estuvo en peligro de perderse, pero no ha rechazado hasta el final el amor de Jesús, y éste lo ha rescatado. Cuando era el joven Pedro quería una redención sin cruz, , un reino al estilo de los reinos de la tierra. Ser adulto en Cristo es aceptar hacer la voluntad de Dios, aceptar sus determinaciones en la vida que con frecuencia son de forma distinta a nuestros proyectos

“Y al atardecer sólo te examinarán sobre el amor”, decía San Juan de la Cruz. Ese fue el examen que le hizo Jesús a Pedro y del cual éste dio razón, más con lágrimas que con palabras. Y este el  examen que nos hace también el Señor hoy a nosotros. Pero tengamos en cuenta  que a la tarde no significa sólo al final de la vida, sino al final de cada día y al final de cada obra.

Manuel Antonio Menchón

Vicario Episcopal

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