LA OTRA VIDA ES DE VERDAD OTRA VIDA

Noviembre es un mes, desde el punto de vista litúrgico, esperanzador. El día primero recordamos a los Santos, los que ya están gozando de Dios. El día 2, tuvimos un recuerdo especial por los Difuntos. Hoy las lecturas nos hablan otra vez de la vida futura a la que todos estamos destinados.

Los saduceos –alta jerarquía y autoridades-, negociantes de la religión y dueños de las tierras, no creían en la vida eterna, porque se habían construido aquí su cielo. Como ricos, pensaban que Dios premia a los buenos y castiga a los malos en este mundo; por tanto, se consideraban buenos y justos, pues gozaban de riqueza y poder, signos claros del favor divino.

La pregunta que le hacen a Jesús es capciosa, pues se dirigen a Él para ponerle en aprieto, no porque les preocupe el tema. Pensaban que les iba a resultar muy fácil poner en un verdadero aprieto a Jesús. Para conseguirlo prepararon una pregunta capciosa, a la que –creyeron- Jesús no podía responder sin

caer en ridículo ante los que preguntaban.

Es lo que desde entonces se ha llamado la “trampa saducea”. El error de los saduceos estaba originado en el falso concepto que tenían de lo que Jesús llamaba resurrección de los muertos. Pensaban que Jesús creía que la vida después de la muerte física iba a ser una copia o repetición de la vida que las personas muertas habían tenido aquí en la tierra y se iba a regir por las mismas normas y leyes.

Pero el Señor, que sabe que vivimos más de la imaginación que de la cabeza, no quiere meterse en el cómo será, sino simplemente en que la resurrección es una realidad fundamentada nada menos que en la misma veracidad de Dios. Dios es Dios de vivos no de muertos. Y, por tanto, si ha hecho un pacto con Abrahán, Isaac y Jacob, lo ha hecho con seres vivos y que a pesar de la muerte van a seguir siendo ellos mismos. Si Dios se define “el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob y es un Dios de vivos, no de muertos”, entonces quiere decir que Abraham, Isaac y Jacob viven, si bien, en el momento en que Dios hablaba a Moisés, aquellos estaban muertos desde hacía siglos.

Naturalmente, como creyentes, hay muchas cosas que nos gustaría saber para satisfacer nuestra natural curiosidad. Pero lo fundamental no es cómo será la otra vida, sino si hay otra vida, si creemos en la otra vida. La otra vida es de verdad otra vida, una vida de calidad diferente. Es, sí, el cumplimiento de todas las esperanzas que el hombre tiene sobre la tierra -e infinitamente más--, pero en un plano distinto. Tal es la respuesta de Jesús, que devuelve la pelota a sus interlocutores afirmando que Dios no es Dios de muertos, sino de vivos

Manuel Antonio Menchón

Vicario Episcopal

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