AIRE FRESCO DE PASCUA FLORIDA

En el Tiempo Pascual   no  solamente celebramos  el muevo nacimiento de Cristo del seno de la muerte; es también el nacimiento de la comunidad cristiana. Las lecturas de los Hechos de los Apóstoles nos va sirven  de guía para que, en estos días de Pascua florida, reverdezcan, como nuevas flores, nuestras comunidades cristianas  al calor del Resucitado a una nueva vida, no sólo en lo que dicen, sino sobre todo en lo que piensan, sienten y hacen.

En la primera línea el evangelio nos dice:”...el día primero de la semana...”, o sea el domingo de pascua, los apóstoles se habían reunido a puertas cerradas, prisioneros del miedo. Ha comenzado una nueva semana en la historia de la humanidad y estamos en su primer día: el día del Señor. Tal es el sentido del domingo: un día distinto de los demás porque significa el comienzo de algo nuevo y distinto.

El estado de la comunidad de los  discípulos es de parálisis, por el miedo. Forman un grupo encerrado y aislado de los demás. Lo que une a esta comunidad cerrada es el temor por la muerte. Se consuelan  unos a otros por el fracaso de las  ilusiones y esperanzas puestas en el seguimiento de Jesús. Y piensan que de ahora en adelante tendrán que permanecer escondidos, sin llamar la atención, sin que se les note nada de su amistad y cercanía con Jesús.

En esa situación hace su entrada Jesús. Viene y entra precisamente para abrir las puertas y ventanas cerradas de la casa. Viene y  rompe  los cerrojos  y abre   para que entre aire fresco que despeje el miedo de la comunidad.

Cada domingo el Señor quiere romper el cerrojo de nuestro corazón, de nuestros miedos, de esas situaciones  en las que la vida de fe es simple rutina luctuosa. Cada Domingo viene el Señor con su saludo que es todo un proyecto de vida: “Paz a vosotros” Es la paz de la esperanza y de las puertas abiertas. Por eso dice el texto evangélico que “...se llenaron de alegría al ver al Señor...”. ¿Es esa la alegría que inunda nuestros corazones en la eucaristía de cada Domingo?

Tal vez nuestro cristianismo sea endeble porque no valoramos la importancia de la comunidad. Como Tomás, vivimos la fe de una manera individualista y no entendemos por eso el entusiasmo que ponen otros creyentes que la viven comunitariamente. Hace falta  que Jesús vuelva con  el aire fresco de la pascua florida y se lleve por delante nuestras rutinas, nuestro cristianismo de meros cumplimientos,  y nuestros “peros”... ya que somos muchas veces cristianos con “peros”… “pero que no me exijan más”, “pero que no me compliquen la vida”… Dios no nos ha llamado a la  fe para  pasar por la vida como se pasa por una feria o por un parque de atracciones. Se llega, se ve, se disfruta, y se va...o para pasear, como un turista. La fe en Jesucristo implica pasar por el mundo, como Él, haciendo el bien y amar a todos, especialmente a los más necesitados.

Manuel Antonio Menchón

Vicario Episcopal

 

 

 

 

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