VENGA A NOSOTROS TU REINO

No es fácil reconocer a Jesús como Rey del Universo, tal como hoy nos lo presenta el Evangelio, cuando está agonizando en la cruz... "La gente estaba allí mirando," dice San Lucas. ¿Qué muchedumbre es esa? ¡Quién es esa gente? ¿No son los que cinco días antes, han aclamado a Jesús al grito de: "Bendito sea el rey que viene en nombre del Señor!?" Seguramente, muchos serían los mismos... Las voces que gritaban podían ser las mismas, pero las conciencias habían cambiado... ¿cómo es posible? ¿Po qué la situación se da la vuelta?

No hace muchos años se encontró una ilustración que data de los primeros tiempos del cristianismo. El dibujo, rayado en una piedra, muestra un burro colgado de una cruz y delante un hombre. La inscripción decía: Alexámenos, adora a su Dios. Evidentemente esta burla quiso dejar en ridículo a Jesucristo y al cristianismo.

El Evangelio de este Domingo también comienza con burlas. Todos: tanto los jefes de los judíos, como los soldados romanos se ríen de Jesús. Para ellos, ese rey sin vestido de seda, colgado de la cruz, sin palacio, sin sirvientes, sin soldados, es... una caricatura. Según su parecer, Jesús merece la inscripción irónica que hay sobre su cabeza: Jesús Nazareno Rey de los Judíos.

Durante su vida pública, Jesús evitó el que lo llamaran rey y huyó de la gente para no serlo. Y no obligó, ni obliga a nadie a creerle o seguirle. Quien no quiso creer, podía seguir mirándolo como el hijo del carpintero, o burlándose de él. Jesús no obliga a creer en él, pero tampoco se desvía de su camino por las ironías de la gente.

Sin embargo desde la cruz, cuando uno de los ladrones le dice: Acuérdate de mí cuando llegues a tu reino; el Señor no niega su reino, y le contesta: Hoy mismo estarás conmigo en el paraíso. Este ladrón, había comprendido que Jesús vino como Rey para salvar a los demás, y por eso estaba clavado en la cruz. El trono de nuestro Señor fue la cruz, y su corona una corona de espinas.

El Reino de los cielos no es de este mundo, porque se maneja con valores que nos son apreciados por nuestra sociedad. Pero es de este mundo en la medida que ya está entre nosotros y tenemos el compromiso de vivir su justicia, para hacer realidad el mensaje liberador de Jesús. El Señor reina sobre la cruz y desde la cruz; allí encuentra su supremo vínculo de unidad toda la humanidad. Los reyes de este mundo pasan inevitablemente al olvido, pero el reinado de Jesús no pasa ni puede pasar.

A Jesucristo lo podemos llamar de mil maneras, lo de menos son los títulos, lo importante es el trabajo, la misión que Él realizó entre nosotros.

¡Venga tu Reino! Sea ese el grito con el que amanezcamos a un nuevo día y con que cerremos el duro bregar de la jornada.

Manuel Antonio Menchón

Vicario Episcopal

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