Reconciliaos

El domingo cuarto de Cuaresma  invita a reconciliarnos con Dios y a ser instrumentos de reconciliación (2ª lectura y Evangelio).

San Pablo se considera embajador de Dios (2ª lectura), es consciente de que Dios lo ha capacitado y enviado para que invite eficazmente a los hombres pecadores a hacer las paces con él, recuperando el don de ser hijos suyos y hermano de todos sus hijos. Esto es posible, porque Cristo, muriendo y resucitando, nos ha reconciliado con el Padre, pero es necesario que cada persona ratifique su obra, reconociendo sus pecados y pidiendo perdón. Hoy día la Iglesia, por medio de todos los sacerdotes,  embajadores como Pablo, repiten esta  invitación.

La parábola del Evangelio concreta esta invitación. No hay acuerdo en la forma de nombrarla, generalmente se la llama parábola del hijo pródigo, pero el hermano mayor tiene un papel más relevante, por lo que algunos la denominan parábola del hijo que se niega a acoger a su hermano pecador. Realmente el gran protagonista es el padre, por lo que el nombre más apropiado es parábola del padre misericordioso, que quiere que todos sus hijos vuelvan a su casa. Los  judíos suelen decir que la palabra de Dios tiene 70 caras para aludir a su riqueza de significados. Esto vale especialmente para esta parábola.

El primer significado es el histórico: Jesús la pronunció para justificar ante escribas y fariseos la razón de su acogida de los pecadores y su compartir la mesa con ellos (Lc 15,1-2). Él, como representante del Padre, invita a los pecadores, que están volviendo a la casa del Padre por la conversión, pero los “hermanos mayores”, escribas y fariseos, malhumorados ante esta postura misericordiosa, se niegan a entrar y compartir la fiesta de acogida. El Padre acoge al pecador y “se rebaja” ante el mayor, pidiéndole que entre y comparta el banquete. ¿Entra o no entra? La parábola no responde, queda abierta para que la respuesta la dé el oyente. Jesús ensalza así la misericordia del Padre, que invita a todos a su casa, y hace ver que es más fácil que vuelva el que la abandonó por su debilidad, pero después  la añora y valora desde su experiencia de miseria, que el que sigue en casa sin valorarla, pues se lo impide su orgullo religioso, alimentado por su afán de “cumplir”, y nada misericordioso.

Otra lectura puede ser colocarse en lugar del hermano menor, del mayor y del padre de la parábola. Y otra más personal identificar ambos hermanos con nuestro corazón, pues, por una parte, comparte la debilidad del hermano menor, y, por otra, el orgullo religioso del mayor. La parte débil vuelve a la casa del Padre, pero la orgullosa se niega a entrar.

La Eucaristía es el banquete que  ha preparado el Padre a todos sus hijos y en el que desea que estén todos presentes, compartiendo la alegría de su salvación. Hemos de celebrarla con agradecimiento y echando de menos a todos los hermanos que se niegan a entrar.

Primera lectura: Jos 5,9a.10-12: El pueblo de Dios celebra la pascua después de entrar en la tierra prometida

Salmo responsorial: Sal 33,2-3. 4-5. 6-7: Gustad y ved qué bueno es el Señor

Segunda lectura: 2 Cor 5,17-21: Dios nos reconcilio consigo por medio de Jesús

Evangelio: Lectura del santo Evangelio según san Lucas 15,1-3. 13-32: Este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido.

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