EL BAUTISMO, REGALO Y TAREA

El bautismo para los judíos era un rito penitencial, al cual se acercaban confesando los propios pecados. Sin embargo, el bautismo que Jesús  recibió de manos de Juan Bautista, no un bautismo de penitencia, sino un bautismo en el Espíritu de Dios, por el que Jesús  es proclamado “hijo amado” y sobre Él se posa el Espíritu que lo reviste de la misión de profeta, sacerdote y rey.

Ese día dejó de ser “normal”. Dejó atrás la normalidad de Nazaret y comenzó la aventura con Dios, comenzó a encender la llama de la “anormalidad” del reino de Dios por todo  el país.

El día de su bautismo marcó un antes y un después. Para Jesús todo empezó el día en que viajó al río Jordán, se bautizó y salió del agua lleno del Espíritu, fuerza y poder de Dios, ungido para predicar la aventura de un nuevo amor en el que hay salvación para todos. También en nuestra vida hubo un día. Siempre hay un día en la vida de cada persona en que todo puede y debe cambiar. Para todos nosotros ese día fue el día de nuestro bautismo. Salimos de las aguas renovados y sellados por la  seducción del Espíritu.

Pero del sello y la marca del  Espíritu de Dios, se encarga la rutina y de la normalidad de la vida cotidiana de ocultarla o apagarla.

La normalidad es gris, salpicada de pequeñas anécdotas: Levantarse a trabajar a la misma hora Hacer las mismas cosas Comer en a la misma hora. Comprar en la misma tienda. Decir las mismas palabras En realidad la rutina y el aburrimiento pueden dañar la familia, la casa, el trabajo, aunque sea todo aquello que nos da estabilidad. Pero la vida diaria nos  pesa, y a veces soñamos  con cambiarla, pero es más que improbable: estamos atrapado en un embrollo de obligaciones

Hasta que un día dejamos de ser normales como lo dejó Jesús. Comprendemos entonces que ser bautizados es un regalo y a la vez, una tarea. Un regalo que muchos valoran. Un programa que innumerables cristianos realizan y cuya historia personal irradia sencillez, generosidad con los pobres, austeridad, transparencia, respeto a la vida, perdón, confianza en Dios a toda prueba, constancia en los propósitos, adhesión al Señor a pesar de nuestros fallos, fidelidad, serenidad en los problemas, oración simple y llana, compromiso con la sociedad y la Iglesia. Buen humor y simpatía

Es el día en que asumimos nuestro bautismo y cambiamos de rumbo. Decimos adiós a la normalidad del mundo y nos convertimos a la anormalidad del evangelio.  Decimos adiós a la pasión por el acaparar y consumir y nos convertimos a la pasión por el  Reino de Dios Decimos adiós a la vida corriente del hombre viejo y nos convertimos a la vida algo alocada  del hombre nuevo en el Espíritu. Decimos adiós a la esclavitud del pecado y nos convertimos a la libertad de los hijos de Dios.

Manuel Antonio Menchón

Vicario Episcopal

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