Jesús ungido como mesías, origen del bautismo cristiano

El relato del bautismo según Lucas ofrece una versión especial del hecho. Según los relatos de Marcos y Mateo, Jesús se presenta solo a recibir el bautismo, Lucas en cambio presenta a Jesús mezclado con un grupo de judíos, pecadores, que reciben el bautismo de conversión. No es porque tenga conciencia de pecado, sino porque quiere hacer un acto de solidaridad con los pecadores, ya que tiene conciencia de que su misión, como Siervo de Yahvé, es echar sobre sí el pecado del mundo (Is 53,4-5.11).

Además, mientras recibe el bautismo, está íntimamente unido al Padre en oración, pidiendo por los pecadores y la ayuda del Padre para realizar su misión. Y el Padre responde ungiéndolo como profeta de una manera especial. Si las unciones se realizaban derramando aceite sobre la cabeza de una persona, el Padre derrama su Espíritu que aparece sobre él en forma de paloma. Y las palabras del Padre lo consagran profeta especial en la línea del Siervo de Yahvé, citando las primeras palabras de la primera profecía del Siervo (Is 42,1-2) y confirmando así la conciencia que tiene Jesús sobre su misión. Esta es la gran revelación de la gloria de Dios anunciada en la primera lectura.

El Espíritu Santo fue el autor de la humanidad de Jesús y el que unió  su humanidad en una persona con el Hijo de Dios. Siempre le acompaña. Ahora, en su unción mesiánica, el Espíritu le acompañará de una forma especial para que realice su misión en el modo que quiere el Padre, y éste es el camino de la solidaridad, la humildad, la pobreza, el respeto de la libertad de los hombres. Un camino que le llevará a la cruz muriendo por todos los hombres sus hermanos. Pero el Padre lo resucita  y ofrece esta posibilidad de plenitud de vida a todos los que representa, a toda la humanidad.

La segunda lectura habla de nuestro bautismo. En él nos unimos a Cristo resucitado y compartimos su vida. Ahora nos toca compartir su vida de siervo solidario con los hombres y de hijo que vive con intimidad con el Padre, después compartiremos su resurrección. En él igualmente el Padre nos unge con el Espíritu Santo que nos capacita para vivir como cristos vivientes, actualizando en nuestra vida su vida. Cristiano significa precisamente ungido y nos recuerda el tipo de vida filial y fraternal que hemos recibido y hemos de desarrollar en nuestra situación concreta.

En la celebración de la Eucaristía se hace sacramentalmente presente la obra de Jesús, el Siervo de Dios, que culminó en su muerte y resurrección; se la agradecemos y damos gracias por nuestra participación en su salvación mediante el bautismo que hemos recibido, el don más grande que se nos ha dado.

Primera lectura: Is 40,1-5. 9-11: Se revelara la gloria del Señor y la verán todos los hombres

Salmos responsorial: Sal 103,1b-2.3-4. 24-25. 27-28. 29-30: Bendice, alma mía al Señor, ¡Dios mío, qué grande eres!

Segunda lectura: Tit 2,11-14.; 3,4-7: Nos ha salvado con el baño del segundo nacimiento y con la renovación por el Espíritu Santo

Evangelio: Lucas 3,15-16: Tú eres mi Hijo.

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