HOY TAMBIÉN ES PENTECOSTÉS

 

Hoy, día de Pentecostés, estamos de cumpleaños: el gozoso aniversario del comienzo de la tarea misionera de la Iglesia, como continuadora de la misión evangelizadora del Señor. Fue, este día, un momentos muy especial, en que un grupo de discípulos se despojaron de sus miedos y salieron a las calles y a las plazas para regalar al mundo la Buena Noticia.

 

Jesús había prometido no dejar huérfanos a sus hermanos de la nueva familia de los que “escuchan la Palabra y la ponen por obra”, prometiéndoles una presencia continuada por medio del Espíritu Santo. Y la promesa se hizo realidad aquel día en que el Espíritu Santo inundó las mentes y los corazones de la familia eclesial reunida bajo el amparo  animoso de la que estaba ejerciendo la tarea encomendada de ser Madre de la Iglesia.

 

El viento huracanado del Espíritu, arrancó de cuajo los temores e indecisiones y abriendo ventanas y puertas  se embarcaron en la faena  de esparcir la Palabra que, desde los tiempo de Juan el Bautista, allá en Galilea, habían escuchado  y comprobado su eficacia en los hechos del Maestro, que un día les llamo para que estuviesen con él y fuesen pescadores de hombres.

 

Pero este recuerdo histórico y emotivo, puede llevarnos al error de creer que sólo hubo un Pentecostés, que el Espíritu del Señor, solamente se derramó una vez sobre los creyentes.

 

La promesa realizada del Señor de darnos el Espíritu de la verdad, no es algo que pertenezca sólo al pasado. Aparte de que Los Hechos de los Apóstoles, nos narran otros “pentecostés”, el Espíritu se ha ido se ha ido prendiendo como fuego y ha ido empujando como viento impetuoso a los discípulos de todos los tiempos. También ahora, en nuestra historia concreta, porque  hoy, los discípulos embarcados en la nave de la Iglesia, tenemos la misma misión de echar las redes, invitando a toda la humanidad  de todos los tiempos y lugares a participar de la  gran alegría que Dios nos comunicó a través de su Hijo Jesucristo.

 

Por esta razón, celebrar el aniversario es renovar el acontecimiento en el que, si nos dejamos, el Espíritu Santo, descenderá también sobre nosotros para que dejando atrás todas nuestras debilidades y cobardías, tomemos en serio la misión evangelizadora que el Señor, en su despedida del pasado Domingo, nos encomendó.

 

Abramos nuestro corazón y nuestra mente y pongamos nuestros pies y manos dispuestos a su acción y dejémonos transformar, para que  llenos de Él, sin miedo  alguno, anunciemos, en el lugar en donde Dios nos ha puesto, la buena nueva del Evangelio.

Manuel Antonio Menchón

Vicario Episcopal

Pin It

BANNER02

728x90