1ª lectura: Hechos de los Apóstoles, 22,3­16
Salmo 116. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.
2ª lectura: Primera carta del apóstol a los Corintios, 7,29­31.
Aleluya: Yo os he elegido del mundo, para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure­dice el Señor.
Evangelio: Marcos 16,15­18.

Hoy 25 de Enero celebramos la fiesta de la Conversión de San Pablo apóstol. Este año al caer en domingo no podría celebrarse. Sin embargo, con motivo del Año de San Pablo que estamos conmemorando con la ocasión de los 2000 años de su nacimiento (del 29 de Junio de 2008 a la misma fecha del 2009), la Congregación para el Culto Divino y las disciplina de los Sacramentos ha decretado que este día se concede la posibilidad de celebrar en cada iglesia una misa de la conversión de san Pablo en lugar del domingo 3 del Tiempo Ordinario, que sería la que correspondería. Por esta razón las oraciones y las lecturas serán las propias del santoral, salvo la segunda lectura que se mantiene del domingo 3 del tiempo ordinario, ciclo B.

Esta celebración es una oportunidad extraordinaria para depositar nuestra atención en la figura de San Pablo y de su maduración en la fe que cristalizó en la conversión. No es en absoluto un alejamiento de la figura de Jesucristo que debe centrar toda celebración en todo tiempo y lugar. Por el contrario, podemos aprovechar el proceso de fe de San Pablo para acercarnos aún más a Jesucristo en perfecta armonía eclesial.

El retrato que dibujan las lecturas de hoy sobre San Pablo nos lo muestran compartiendo su vocación. Qué cercanos y familiares nos resultan las escenas del domingo anterior donde éramos privilegiados testigos de la llamada de Dios a Samuel o la transformación de Simón ante Jesús. Es el último discurso en Jerusalén, después será conducido como preso a Roma, donde morirá de forma violenta entregando su vida por Cristo.

En todo momento y lugar San Pablo hará suyo el mandado y deseo del Señor que hoy proclama el Evangelio: “id al mundo entero y proclamad el evangelio a toda la creación”. Impulsado por el Espíritu, predicó la Buena Nueva del Evangelio en todo el ámbito greco­romano. Superó todos los obstáculos confiando en la Palabra del Resucitado. Realizó con ilusión y entusiasmo los encargos del Señor. Vivió con gozó e invitó a la alegría a todas las comunidades cristianas a las que contagió de su fervor evangelizador.

Es por todo ello y mucho más que no podemos esbozar en estas líneas, por lo que el apóstol de las gentes, se convierte en un modelo excepcional. Nos invita a las comunidades cristianas de hoy a seguir enamoradas de Jesucristo, a revivir el don de la fe y dar gracias continuamente a Dios por el inmenso bien que es aquel de quien se fio San Pablo.

Ramón Carlos Rodríguez García, párroco de la Loma de El Ejido

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