Evangelio de San Juan, 2,13-25

Este domingo, 9 de noviembre la mirada de la Iglesia se dirige a la memoria de la dedicación de la basílica de Letrán. Es conveniente que sepamos que fue la primera iglesia erigida en el mundo. Al terminar la persecución contra los cristianos en Roma con el edicto de Milán (año 313), el mismo emperador Constantino mandó construirla. Está dedicada al Santísimo Salvador, pero posiblemente bajo la influencia de su impresionante baptisterio, se le incorporó la titularidad de san Juan, pasando a denominarse basílica de San Juan del Laterano.

Hasta este momento los cristianos se reunían en casas particulares. La basílica de Letrán es la sede oficial del obispo de Roma. En ella se encuentra la sede del sucesor de Pedro. Al ser reconocida como la catedral del Papa, recibe el título de “madre y cabeza de todas las iglesias de la ciudad y del mundo”, tal y como reza en una leyenda latina sobre la fachada principal.

Esta fiesta debe despertar en los fieles el don de la comunión con el Papa y la certeza de conocer cuál es el verdadero templo de Dios. Cristo es el verdadero lugar donde Dios se ha hecho cercano, donde se ha hecho hombre. Nunca nos veremos privados del verdadero santuario, Jesucristo.

También cada uno de nosotros por mérito y acción de Cristo, somos morada de Dios. El templo en el Señor, ha superado la mera realidad material. San Pablo lo va a repetir en la misma celebración: ¿No sabéis que sois templo de Dios? No es un lugar físico, es una relación de intimidad extraordinaria realizada en Cristo. Esto es posible en virtud de la acción del Espíritu Santo que se inició en el Bautismo. Nos convertimos en piedras vivas de este nuevo templo.

Jesús lo va a subrayar con una actitud sorprendente y una pasión que desborda toda expectativa. El amor que siente por el Reino de Dios y la voluntad del Padre se manifiesta en la expulsión de los cambistas y la purificación del Templo. El evangelista recrea este gesto a la luz de la resurrección de Jesús. San Juan nos habla de un tiempo nuevo que ha sido inaugurado en Cristo, una novedad que enriquece y renueva las relaciones del ser humano con Dios. Se reemplaza lo antiguo por el verdadero templo. Nadie entiende a Jesús, sólo su resurrección confirmará sus gestos y palabras. El Espíritu Santo facilitará la comprensión de sus discípulos.

Seguro que la celebración de este día nos hará crecer en la comunión tan necesaria con toda la Iglesia, con el Papa, sucesor de Pedro. Todos los cristianos estamos unidos en un mismo pastor. Prestemos atención a las oraciones que este domingo buscan realzar dicha comunión. No podemos olvidar a quien hace posible la comunión entre nuestra Iglesia local de Almería y la universal. El obispo es el garante de la unidad en nuestra diócesis de Almería.

Ramón Carlos Rodríguez García, sacerdote.

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