En estos días las comunidades cristianas que tienen como patrona a la Virgen María bajo la advocación del Monte Carmelo se preparan espiritualmente con diversos actos litúrgicos y culturales para la fiesta mayor. Almería toda, en estas fechas, se torna mariana y carmelita.

Varias veces he tenido la dicha de subir al monte Carmelo. En verdad el lugar hace honor a su nombre. “Karmel”, en hebreo, significa “viñedo del Señor”, también “vergel” y “jardín hermoso”. Lugar unido, de manera especial, al profeta Elías como recuerda el libro de los Reyes cuando narra que se refugió en aquel paraje agreste huyendo de las malas artes del rey Acab y su esposa Jezabel. Allí se enfrentó con los sacerdotes de Baal. Desde este lugar el profeta vislumbró la simbólica “nubecilla” que se levantaba del mar para librar a Israel de la sequía. Aquella nubecilla, con el correr del tiempo, se ha interpretado como prefiguración simbólica de las promesas mesiánicas y del sí fecundo Virgen María a la voluntad de Dios. Prosiguieron la tarea del profeta Elías, arrebatado al cielo, algunos de sus discípulos, entre ellos Eliseo. Los arqueólogos descubrieron en el valle que los árabes llaman el “Wadi ain es siáh” las ruinas de lo que fue el primer convento de los carmelitas y el primer “santuario de la Señora” construido en el siglo XIII. En la actualidad, en la cima del Carmelo, se alza el santuario dedicado a la Virgen del Carmen bajo el nombre de “Stella Maris”.

En el barrio de Pescadería de nuestra capital, y en toda la costa almeriense, la devoción a la Virgen Santísima, en su advocación del Monte Carmelo, está orlada de aromas marineros. A su templo de san Roque llega el ruido cadencioso de las olas portado en andas por la brisa salada. Desde el amplio atrio del templo, lugar de encuentro y atalaya, rompeolas y mirador, la vista se pierde en el horizonte contemplando el ir y venir de barcos empeñados en la faena de arrancar de la mar el preciado botín. La inmensidad del mar azul, escenario espléndido y multicolor para la procesión de la imagen de Nuestra Señora del Carmen que, amantísima de sus hijos, cada año se embarca para recorrer el litoral y bendecir las aguas marinas fuente de vida para el barrio marinero. Pareciera que en este acto anual de devoción desbordante el cielo, santa María, se sumergiera en el agua salada para implorar al Padre Dios toda suerte de bienes y bendiciones para sus devotos. Hasta el mismo sol, imagen perfecta del sol de justicia que es el Hijo de Dios e Hijo de María Virgen, al caer de la tarde, rinde pleitesía a la Madre aminorando sus candentes rayos. Oración y belleza es contemplar el barco, que como unas manos implorantes, porta la imagen de nuestra Señora abriendo surcos de espuma en el mar entre vivas y sirenas.

San Bernardo escribió a la Virgen, Estrella del Mar: “Si están a punto de ahogarte las olas de la soberbia, la ambición, la envidia, la rivalidad... mira a la Estrella, invoca a María”.

Manuel Pozo Oller,

Vicario Episcopal

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