Una de mis escenas preferidas del cine español la protagoniza Carmen Maura: Pepa, en Mujeres al borde de un ataque de nervios, le pide el teléfono de Iván (su imposible amor) a su secretaria. Loles León, quien le dice con desgarro: “¡Pepa, que te vas a poner en evidencia!” y ella, con ese sabio dramatismo almodovariano, le contesta: “Tantas veces me he puesto en evidencia, que una vez más, no importa”. Es la historia de un fracaso, de un amor por el que ha luchado pero que se le escapa de las manos y le rompe el corazón.

Es, en parte, el reflejo de nuestra historia de fracasos. Todos hemos experimentado cómo hemos bregado, luchado, y puesto todo lo mejor de nosotros por un proyecto que resultó fallido. A veces, una rota historia de amor; otras una decepción profesional; en ocasiones, una amistad de años venida al traste o una herida familiar… sean cuales sean nuestros reveses, todos hemos experimentado esa sensación de desaliento ante el fracaso que expresa muy bien la oscarizada película.

Pero es que la vida, en parte es eso. Llevarse alguna que otra decepción, unos cuantos berrinches y muchas noches en vela. Porque amar, sentir y arriesgarse a vivir conlleva sueños rotos y lágrimas vertidas, muchos desalientos y algún naufragio. Y es que nadie nos dijo que fuera fácil, pero merece la pena el esfuerzo.

Leíamos recientemente cómo Jesús se presenta resucitado ante sus discípulos en medio de una frustrada pesca.  Toda su vida, toda su brega se resume en una dramática respuesta ante la pregunta de Jesús: “Muchachos, ¿tenéis pescado?” Ellos contestaron: “No”. En medio del fracaso personal y profesional, allí se hace presente Jesús. Me llama la atención que no lo haga en el éxito y en el jolgorio, en la sobreabundancia y la soberbia. Allí, en medio de su red vacía, de nuestras decepciones, está Él para levantarnos y animarnos.

“Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis”, son las palabras de ánimo a los apóstoles y son las palabras que hoy nos dirige a ti y a mí, ante nuestro historial de fracasos: que hay que levantarse de nuevo; que es posible restañar las heridas; que nuestro esfuerzo diario dará fruto algún día; que será posible lo que ahora vemos imposible; que se hará la luz en lo que, por ahora, vemos enmarañado.

Ahora en Pascua, sentimos esa presencia de Jesús en medio de nuestro fracasos. Notamos su aliento sobre nuestro hombro que anima y enardece. Y  sentimos esas palabras que van directas a lo más profundo de nuestro abatimiento: “Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis”. La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla por la multitud de peces. Nuevos anhelos, más risas, mejores sueños, renovados proyectos… porque en mi fracaso, Señor, estuviste conmigo.

Ramón Bogas Crespo

Director de la Oficina de comunicación del obispado de Almería

Pin It

728x90ES2

BANNER02

728x90