Como celebrabamos recientemente a san Jordi, hoy os regalo un librito de cuentos cortos de Ángela Vallvey, No le llames amor. En la obra de la ganadora del premio Nadal, se cuentan varias historias de “aparente amor” que en el fondo, son otra cosa. Y es que, nuestra sociedad de hoy, ha sido capaz de envolver con el papel de celofán del amor a otras muchas relaciones que tienen otro nombre: dependencia, relación económica, dominación, inercia…

La sociedad ha ido creando una construcción cultural, a menudo idealizada, del amor. Por todos lados se oye “yo todo lo hago por amor”, o “lo importante es que nos queramos”, y hay amores que huelen a otra cosa. Todos conocemos miles de historias en las que, haciendo un análisis más profundo, de amor tienen poco. Usamos a otras personas, en nombre del amor. Resistimos humillaciones en nombre del amor. Nos beneficiamos de otros en nombre del amor… Y así, una larga lista. Cuesta reconocerlo y es difícil asumirlo, pero si queremos ser honestos con nuestros sentimientos y hacer un profundo mapa de nuestras emociones, habrá que ir empezando a llamar por su nombre a las cosas. Porque muchos de nuestros sentimientos son bastante menos elevados de lo que indica su nombre.

“Como yo os he amado” leemos en estos días. Y tantas veces hemos puesto el acento en el “amaos” que se nos ha olvidado que la fuerza está en el “como yo”. El amor verdadero: el amor de Dios es un amor que une, cobija y sana. Nunca tiene dobles intenciones. Considera a los demás como personas únicas e irrepetibles y no utiliza a los demás para cubrir “soledades” o generar culpas.

El amor sano respeta al otro en su individualidad, su libertad, sin empujar. Ve más allá de las apariencias y no juzga. No busca tener siempre la razón, sino encontrar juntos la verdad y ofrecer herramientas para que cada persona encuentre la Verdad dentro de ella misma. Es generoso, siempre espera hacer el bien y lo que es bueno para el otro. “No me quieras mucho, quiéreme bien” es lo que habría que decirle a muchas madres, parejas, amigos…  “Que no quiero ser media naranja de nadie”, sino persona que camina y necesita a otros en mi caminar.

Hoy el reto que os propongo no es fácil: ahondar en nuestro mapa emocional. Descubrir inercias y relaciones insanas, y atreverse a ponerle el nombre que tienen, sin máscaras románticas. Explorar también, las relaciones de amor sano, las que tienen el estilo de Jesús. Las que respetan, sostienen, proponen y hacen bien. Me atrevo a asumir ambas (son parte de mi vida) y le pido a Dios que me enseñe a amar a su modo.

Ramón Bogas Crespo

Director de la Oficina de comunicación del obispado de Almería

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