Una ventaja de ser bajito y poco agraciado es que cuando te dicen “!guapo!”, uno tiene parar “roer” un mes y medio. Así somos de agradecidos aquellos a los que la creación no nos trató tan bien como a otros. Supongo que, a esos “guapos oficiales”, a aquellos a los que sus madres siempre le dijeron lo hermosos que eran, un piropo más no supone nada en su cuenta personal. Y es que lo bueno (lo malo son los complejos que arrastramos y el dinero invertido en psicoterapeutas) de haber recibido pocos amores es que un “!Ay!”, por pequeño que sea, nos hace mucho bien.

Y es que, un misterio que ni Iker Jiménez es capaz de averiguar, es por qué hay gente que nació creyendo que se lo merecía todo. Yo creo que todos los lectores nos hemos topado (o igual somos alguno de nosotros mismos) a gente que parece que “nació de pie”, a la que hay que agradecer que venga a la fiesta. Aquellos que nos hacen un favor si tienen un detalle con nosotros. Por el otro lado, están los “bajitos”: aquellos a los que nadie invitó a sus fiestas. Aquellos que siempre tuvieron que pedir, por favor, entrar. Aquellos que nunca se merecieron nada y siempre tuvieron que agradecer todo lo que vivieron.

Al final, de todo ello, nacen dos actitudes: los “sobraos” y los agradecidos. La escena del fariseo y la pecadora del domingo pasado, me hizo pensar en ello. Jesús quiere poner en valor la actitud de la agradecida. Porque el agradecimiento se produce en la persona que tiene conciencia de que recibe algo que no merecía, que simplemente el otro ha querido ofrecernos, así porque sí, porque nos quiere, porque se pone en nuestro lugar.

El agradecimiento debe ser ejercitado. Podemos entrenarnos para ello o bien podemos dejarlo morir, enterrado en el listado de “derechos” que creemos tener y que nos corresponden. Cuando la persona tiene una actitud agradecida hacia los demás, hacia la vida, hacia Dios, la vida es singular. Uno siente, de verdad, que cuanto ocurre a su alrededor no lo mereció, que lo recibe por el hecho de ser amado. El agradecimiento de la pecadora, mi agradecimiento y el de todos los “bajitos” surge de esta experiencia de saberse querido incondicionalmente. Una experiencia que el creyente sabe muy bien de donde procede.

Supongo que no me entenderán mucho de qué hablo los que tuvisteis la suerte de ser guapos y listos. Pero a todos los demás, a los que como la pecadora y un servidor, sentimos que cada beso de la vida es puro don, entenderéis bien porqué aquella mujer se comía a besos a Jesús. Porque la quiso porque sí, porque la amó sin carta de credenciales, porque la miró como Dios mira a las personas.

Dos actitudes, dos formas de mirar la vida. Todavía estamos a tiempo de convertir nuestra vida en puro agradecimiento. Porque la historia, muchas veces, nos da mucho más de lo que nos merecemos, porque Dios sabe dar sin recibir, sabe amar porque sí.

Ramón Bogas Crespo

Director de la oficina de comunicación del obispado de Almería

Pin It

BANNER02

728x90