Quiero contaros hoy la historia de un regalo, quizás el que más ilusión me ha hecho de todos los recibidos. Hace unos años, mi amiga Pilar y yo fuimos a despedir al aeropuerto de Barajas a nuestro amigo Manolo, misionero de África. Después de los abrazos, llegó un momento de quedarse antes del control y allí, plantados en la valla separadora, viene un chico extranjero y en inglés, nos dice que nos regala una bolsa que llevaba en la mano. Era una botella de Whisky que no podía pasar en el control en su equipaje de mano. Le dimos las gracias y se marchó rápidamente. Pilar y yo nos quedamos asombrados y corriendo fuimos a decirles a nuestros amigos de Madrid que haríamos una fiesta. He recibido muchos regalos pero este tenía algo especial que lo hacía único: era absolutamente inmerecido (lo único que hicimos era estar allí) y gratuito (jamás podríamos responder con otro regalo al desconocido).

Todos hemos recibido muchos regalos. A veces acertados, otros no. Caros o baratos. Pero tengo la impresión de que la mayoría de los regalos que recibimos o que hacemos tienen una lógica interna no reconocida: “yo te regalo 60 y seguro recibiré 60” o “yo te regalo para que me quieras más”. La maravilloso de este regalo es que realmente no esperaba nada a cambio y que, sin duda, no nos lo merecíamos.

Leíamos el domingo las parábolas de la misericordia de Lucas: la oveja y la moneda perdida. Y me acordaba de mi regalo porque el pastor y la mujer hacendosa buscaron a la oveja y a la moneda porque quisieron. El único mérito de la oveja fue perderse y de la moneda (un dracma sin valor) haberse caído al suelo.

Y es que la lógica de los hombres y la de Dios es distinta. Y eso es lo revolucionario. Mientras que en nuestros regalos, en muchas ocasiones, hay esa lógica de “panes prestados” (te doy para que me des, te doy porque te lo mereces, te doy pero espero algo a cambio….) la lógica divina es PURA GRATUIDAD, es más, aunque resulte escandaloso, el único merito que hay que hacer es “perderse o caerse”. Y por eso, hace fiesta el pastor y la ama de casa. Y por eso, Pilar y yo con nuestros amigos dimos buena cuenta de la botella de whisky. Por ese amor sin medidas, por esa lógica de la Gracia, por esa loco amor del Padre.

El reto de hoy es regalar y recibir regalos, pero desde la lógica de Dios y no la nuestra. Y eso implica saludar al que no lo merece, ser amable con el tosco, volcarse en los más pequeños… sin calcular cuentas, sin apuntar en libretas ocultas, desde la gratuidad y sin calcular méritos. Y celebrarlo cada domingo en la fiesta del amor inmerecido a todos los hombres que es la Eucaristía.

Ramón Bogas Crespo

Director de la Oficina de comunicación del obispado de Almería

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