Hay ideas que aprendemos a través de los libros o que descubre uno por sí mismo. Otras (las más importantes de la vida) parecen que son ellas, las que “te toman” a ti. Se imponen en tu cabeza como un descubrimiento vital e inapelable. Desde hace algún tiempo, se me ha impuesto una de ellas: no hay que forzar las cosas.

A ver si consigo explicarme. Has planeado un fin de semana en una casa rural, al coche se le enciende una luz en el salpicadero, la niña tiene un poco de fiebre, una de las parejas que iba, no puede finalmente ir… Hace unos años, iría al taller de urgencia, le daría una pastilla a la pequeña y convencería hasta la extenuación a la pareja para que finalmente vaya. Hoy, estoy convencido que lo mejor es no ir. Cuando las cosas no “fluyen”, cuando todo se pone en contra, a lo mejor es una “señal” para que no emprendas el viaje, para no fuerces la situación.

También ocurre con las relaciones personales. Hay amistades, amores, relaciones de cualquier tipo que no fluyen. A veces, de manera inconsciente, forzamos esa amistad: “vamos a quedar”, “a ver si nos vemos”, “me paso a recogerte…”... No digo que no haya que trabajar las amistades, sino que hay que estar atento a cuando, de manera sutil, te están diciendo que NO.

La verdad es que forzar la vida es como intentar navegar obligando al mar a que produzca olas, en vez de aprovechar el sentido en el que está soplando el viento. Creo que a todos nos ha pasado alguna vez que hemos luchado con todas nuestras fuerzas por conseguir algo, hemos perseverado durante meses o incluso años y, a pesar de todo el esfuerzo, no se ha logrado nada.

Aunque todo lo que acontece es fruto de la libertad y la responsabilidad personal, voy descubriendo que la providencia manda señales para saber a dónde ir y con quien estar. Saber leer esos indicios, estar atento a lo que me está diciendo la vida a través de ellos, puede ser una buena oportunidad para ser más feliz y no forzar las situaciones, ni a las personas.

Como creyente, estoy convencido que Dios nos va poniendo signos para poder releer la vida y así descubrir “su proyecto” sobre mí: origen de la felicidad. El reto de hoy consiste en no empeñarse en que la vida discurra sólo desde nuestra voluntad. Para ello, la primera tarea será ver qué situaciones y qué relaciones estoy “forzando”, tener la humildad para reconocerlo y la sabiduría para saber navegar con el viento en popa, mecido y sostenido por ese Dios que se empeña en hablarnos a través de miles de pistas y al que, a veces, hacemos oídos sordos.

Ramón Bogas Crespo

Director de la Oficina de comunicación del obispado de Almería

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