Una de las tragedias del hombre actual es que siempre está en otro sitio distinto de donde está. Bien sea por la cantidad de cosas que tiene que hacer (lo que le hace pensar en la siguiente cita o en todo lo que le falta por hacer) o porque está conectado a otra realidad a través de su teléfono, ordenador o televisión.  Y esto, no es cosa de chavales, queridos amigos. Somos tú y yo, los incapaces de mantener una conversación, o estar paseando a solas, sin tener nuestra atención en otro sitio. Es lo que la sociología ha venido a llamar “el ETERNO AUSENTE”. Una persona incapaz de estar a solas, o en el lugar donde está presente. No hace falta nada más que mirar la mesa de una pareja, de unos amigos, o una reunión de cualquier índole (insisto, ¡nuestra reunión!) para descubrir que cada uno de los que estamos, tenemos la cabeza en “otro sitio”.

Es sorprendente que hayamos preparado con tanta ilusión una comida familiar, un viaje con la pandilla o una cena con la pareja ,para estar conectados a través del teléfono con otro sitio (aunque sea para contarle a otros, lo bien que lo estamos pasando). Y todo ello, porque el hombre de hoy vive como “expulsado” de sí, confundido por el tumulto exterior y ávido de contar lo que está viviendo. Da la sensación de que no existe experiencia, si no es “experiencia comunicada”.

Blaise Pascual no iba desencaminado cuando decía: “la desgracia de los hombres proviene de no saber mantenerse una hora en su cuarto”. Así es el hombre contemporáneo: incapaz de esa soledad, que suscita preguntas esenciales. Por eso, se aturde con el ruido de la muchedumbre o con las alertas de su whatsup. Se “divierte” para evitar encontrarse con sus dilemas, para afrontar sus propias miserias y, quizás, para no encontrarse con un Dios que interpela y perturba.

No estoy apostando por el aislamiento, sino por una soledad abierta, atenta, apacible, fuente de alegría, aunque, a veces, dolorosa. El silencio es un componente indispensable para la vida espiritual. Es fuente de reflexión y de maduración de las experiencias vividas. Necesitamos el silencio y estar presentes para rumiar y preparar lo que vivimos, lo que vamos a contar y lo que somos y queremos ser.

Me encantan las redes sociales. Gracias a ellas, puedo compartir las ideas contenidas en este artículo. Son fuente de sociabilidad, de intercambio de iniciativas y origen de ideas originales y divertidas. Pero tendremos que combinar, silencio y palabra; sociabilidad y soledad. Termina de leer ahora el artículo, apaga el teléfono, desconecta el ordenador. Es tiempo de estar a solas y presente.

Ramón Bogas Crespo

Director de la oficina de comunicación del obispado de Almería

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