El otro día, caminaba por la Rambla. Escuchaba la conversación que tenía una pareja de mediana edad. Hablaban largamente, sobre lo que iban a hacer de comer “Prefiero freír la carne y asar después los pimientos…”. Dirán que vaya anécdota que les cuento hoy, pero es que, en ese momento, me di cuenta del tiempo que le dedicamos a pensar en la comida. Hablar sobre recetas, dietas, planes para comer o comidas pasadas, comidas de nuestro último viaje, o lo que nos vamos a comer el domingo que viene en el cortijo. Es cierto que la comida es alegría, salud, comunión y fiesta, pero intento describir una característica de nuestra sociedad, en la que hemos hecho del comer (o adelgazar), el principal tema de nuestra vida. A veces, bromeo con mi amigo Serafín: -“Si una conversación va decayendo, pregunta cómo hacer los pimientos rellenos, y seguro que podemos estar hablando de ello hasta el juicio final”-.

Me encanta comer rico, disfruto de la cocina asiática y moderna, picante o tradicional. Me gusta un buen vino y ni te cuento, compartirlo. Pero, me parece que, dedicar más de la mitad de nuestra vida a hablar de comida, puede ser un síntoma de que estamos haciendo que las “COSAS” tengan un lugar demasiado importante en nuestro corazón. Ser capaces de poner lo material en su justo lugar, nos hace más libres. Mil veces he invitado en mi casa a tantos amigos como estuviéramos y hemos hecho una ensalada de pasta con lo que hubiera. Era lo de menos, lo importante era el gozo de compartir y celebrar.

Es cierto que tenemos que ocuparnos de mil cosas. Hay que hacer comida y cena para niños y mayores, tenemos que comprar y organizarnos bien, pero creo que todo esto se puede hacer desde la certeza de que, si nos preocupamos de lo realmente importante, lo demás se nos regalará por añadidura. Es algo intangible, pero se llama CONFIANZA. Ciertamente, nos agobian cosas secundarias, pero creo que estamos llamados a búsquedas más altas. Que de tanto andar a ras de suelo, podemos perder perspectiva.

Leíamos el domingo unas palabras de Jesús: “No andéis agobiados pensando qué vais a comer…” y me parecía que eran una interpelación a esta sociedad (como siempre, yo incluido) que tiene su centro, su afán, en cosas demasiado pedestres. No estoy diciendo que tengamos que estar todo el día hablando de la “insoportable levedad del ser”, pero creo que podemos compartir temas de más calado, adentrarnos en un buen libro, ver buen cine… en definitiva, auto exigirnos un poco más y cultivar nuestra alma, para que así pueda volar un poco más alto.

Ramón Bogas Crespo

Director de la oficina de comunicación del obispado de Almería

                                                                   

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