Hace unos días me invitaron unos buenos amigos a comer. A la mesa, habían invitado a otra pareja que yo no conocía apenas. Después de los saludos protocolarios y la conversación sobre el tiempo, nos sentamos a compartir la velada. De repente, la conversación derivó en una agria discusión de aquella desconocida pareja. Los demás asistíamos perplejos a una serie de reproches mutuos guardados durante años. Son esas escenas, en las que se te “obliga” a asistir a un acto de intimidad, al que no quieres estar invitado. Seguro que sabéis de lo que estoy hablando. Quizás, habéis sido protagonistas o espectadores de un “espectáculo” similar.

Lo que más me llamó la atención es la de cosas guardadas que tenemos. En cuanto surge la más mínima oportunidad, todos abrimos una LIBRETILLA, en la que hemos apuntado nuestros reproches desde tiempos inmemoriales. Ese librito secreto que todos atesoramos, y en el que vamos guardando afrentas, deudas sin saldar, favores no devueltos…  Una libreta cargada de palabras no dichas, sentimientos reprimidos y alguna que otra herida sin cicatrizar.

Para comunicarnos mejor y quemar, de una vez por todas, esta aburrida libreta, existen otras alternativas más positivas, fruto de una sana espiritualidad:

Si quieres desahogarte, hazlo con madurez y en un contexto de intimidad. Expresa con tranquilidad lo que te molesta, controlando el tono, el volumen y los comentarios hirientes.

Si deseas algo, o que te presten ayuda o atención, no te quejes, PIDE. Nadie va a adivinar lo que necesitas. Las personas no tenemos todavía el don de la telepatía. Ni siquiera la persona que te quiere bien, puede adivinar tus necesidades si no las expresas. 

No te dejes llevar por la incontinencia verbal. No siempre hay que verbalizarlo todo. A veces, la paciencia, el tiempo y la prudencia ayudan a discernir qué decir y qué callar. Habrá que esperar momentos más oportunos.

Cuando veo a Jesús hablando con los fariseos, los maestros de la Ley o con sus discípulos descubro en Él un hablar claro, asertivo. No deja de denunciar lo que no ve justo, de reprender lo que ve torcido. Corrige con dulzura y misericordia. Pero también sabe callar y esperar.

En este comienzo de la Cuaresma, os propongo ayunar de montar “escenitas”. Puede parecer una penitencia “original”, pero nuestras relaciones de pareja, amistad o trabajo llegarán más floridas a la Pascua, si somos capaces de hablar con madurez, pedir lo que necesitamos y esperar con paciencia el momento oportuno para tratar las cosas. Que seamos capaces de quemar en el fuego de la Vigilia esa libretilla de los reproches que ya está pesando demasiado en nuestra vida.

¡Feliz y santa Cuaresma!

Ramón Bogas Crespo

Director de la oficina de comunicación del obispado de Almería

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