Voy a tratar de dos libros de fácil lectura, de utilidad pastoral y también para ilustrarse, la formación no puede descuidarse: uno “Me aburro en misa”, y otro “¿La Iglesia? ¡Vaya cuento!”. Están publicados en la editorial San Pablo. Libros del todo aconsejables; hay que advertir que no se dejen llevar por la apariencia de los títulos ni de las portadas, es leerlos y pensarlos. Del libro “¿La Iglesia? ¡Vaya cuento!”, traigo, con permiso del autor, Javier M. Suescun, algunos párrafos que son cinco cosas básicas para ser cristiano con fundamento, sentirse liberado de muchos cuentos y fascinado por lo esencial de la fe cristiana, que tiene como centro el Verbo Encarnado, el Maestro de Nazaret tal como lo anuncia la Iglesia. El mismo autor advierte que partiendo de esas cosas básicas la vida se encargará de llevarnos más lejos. Enumero las cinco cosas en el mismo orden que aparecen en el libro:

Primero: Quédate con el Evangelio. Tenlo como libro al que acudes todas las noches. Lee diariamente algunos de sus párrafos, despacio, dejándote sorprender, como si fuera la primera vez que lo haces. Advierte que te encontrarás con el prototipo de lo que todos los hombres aspiramos a llegar a ser. Descubrirás entonces lo esencial de la Iglesia, y te desprenderás de tantas cosas tontas como se nos han ido inculcando, o, por nuestra iniciativa hemos creído. Cierto que si tenemos una visión o comprensión de Cristo parcial o fragmentaria, nuestro modo de vivir la Iglesia será igualmente empobrecido.

Segundo: No te estanques en tu formación cristiana. Quedarse en la formación que recibimos de niños no nos sirve de mayores, no tenemos la misma capacidad de comprensión. También es necesario que se actualice la fe y se ponga al día.

Tercero: No abandones nunca la Eucaristía dominical en el marco de tu parroquia. Es la reunión por excelencia de los cristianos, de los que intentamos seguir el estilo del Maestro. Es el encuentro por excelencia de los discípulos de Jesús de la actual generación. Advierte que siempre podrás escuchar la palabra de Dios, recibir el Cuerpo de Cristo y conversar con Jesús en silencio. Cita aquí al obispo vietnamita, ya fallecido, F. X. Nguyên van Tuân, que estuvo trece años encarcelado y celebraba la Eucaristía todas las noches en su celda cuando nadie podía verle: «Jesús empezó una revolución en la cruz: Nuestra revolución debe empezar en la mesa eucarística, y de allí debe seguir adelante. Así podremos renovar la humanidad».

Cuarto: Participa en alguna actividad a favor “de la gente”. Es trabajar por la causa del Reino de Dios del que hablaba Jesús. Citando al Beato Papa Juan Pablo II afirma «Encontraréis a Jesús allí donde los hombres sufren y esperan: en los pequeños pueblos diseminados en los continentes, aparentemente al margen de la historia; en las grandes metrópolis donde millones de seres humanos frecuentemente viven como extraños… Jesús vive junto a vosotros… Su rostro es el de los más pobres, de los marginados, víctimas casi siempre de un modelo injusto de desarrollo, que pone el beneficio en primer lugar y hace del hombre un medio en lugar de un fin».

Quinto: Y por fin, unos minutos diarios de oración, para mantener la frescura y descubrir la voluntad de Dios sobre ti. Imitar a Jesús que después de cada jornada buscaba momentos y lugares de silencio y soledad. Cuando un hombre reza, afirma el autor, le requema la mentira, no se doblega ni pacta con el mal. La vida le quitará muchas cosas, pero resistirá.

Cuando el autor ha descrito estos cinco puntos, realmente tan poco novedosos como siempre nuevos, advierte que desde aquí se puede empezar a vivir lo esencial de la Iglesia. Dice que se podrán expulsar todas esas “células muertas –los cuentos-“, y la fe cobra seguridad y autenticidad.

Acabamos de celebrar la fiesta de todos los Santos, los mejores hijos de la Iglesia, como reza la liturgia. Sabemos que por el Bautismo somos santos; ha sido un don de Dios al que respondemos acogiéndolo y viviendo “como Dios manda”. Para esto contamos con la ayuda de la gracia y la intercesión de los santos, no en balde en el Credo decimos: Creo en la comunión de los santos. Hay muchos ropaje alrededor que no es esencial y que no nos lleva a nada, también muchos cuentos que nos contaminan, el camino más sencillo, véanse esos cinco puntos, nos ayudan a vivir la vida con toda dignidad y sentido: como hijos de Dios, discípulos del Maestro y Señor Jesucristo, bajo la acción del Espíritu Santo, en la comunión de la Iglesia.

Antonio de Mata Cañizares

Vicario Episcopal


Pin It

BANNER02

728x90