Al final, tuve que hacerlo. Me compré unas New Balance. Quise resistirme a la presión social, pero hice caso a la sentencia de mi amiga Nina: “Ya no eres nadie en la vida si no tienes unas New Balance”. Y es que todos, inevitablemente, vamos cediendo a las presiones sociales. Orgullosos de nuestra originalidad, solo necesitamos mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta de que vemos las mismas series, hacemos Running o Bici, calzamos idénticas zapatillas deportivas o queremos hacer un viaje a Praga.

Sé que estarás pensando que tú no. Que este artículo no es para ti, que tú eres realmente original, pero sigue leyendo a ver si logro convencerte de que la psicología social ha demostrado que el conformismo es más una norma que una excepción. La cosa empieza de pequeños. Es lo que, en sociología, se denomina “proceso de socialización”. Es decir, el mecanismo que tiene la sociedad para ir haciendo que los ciudadanos respeten y se amolden a las normas sociales. Es un proceso sutil, que va minando poco a poco las voluntades, pero cien por cien eficaz. Se premia la obediencia: “Qué chico más majo”, “Qué bien se porta”, y se castiga sutilmente la diferencia: “Es un poco rarita”, “Cuidado con lo que van a decir de ti”…

Además, hay otra clave: sentirse querido y aceptado por el grupo. Tenemos la sensación de que, si hacemos lo que les gusta a los demás, nos van a querer más. Así que somos capaces de hacer lo que se nos demanda para sentir el aplauso social. Insisto en que estos procesos suelen ser “no conscientes”. No es que nos levantemos por la mañana con la intención de obedecer las normas, pero el resultado final es que vamos haciendo lo que se espera de nosotros.

Aunque esta sea la norma, es cierto que existen personas originales. De hecho, todos tenemos una parte inconformista dentro de nosotros mismos. Pero hay que reconocer que esa originalidad, a veces, resulta dolorosa. Muchas personas lo han pasado realmente mal por este inexorable proceso socializador. Se podrían escribir muchos relatos sobre el dolor y el escarnio recibido a quien da la nota discordante. Y si no que se lo digan al Maestro.

El domingo leíamos un sorprendente relato en el que la familia de Jesús quería llevárselo porque decían que “no estaba en sus cabales”. Jesús decía y hacía cosas sorprendentes y originales y, sobre todo, predicaba a un Dios-misericordia que revolucionaba las ideas vigentes de aquella época (y casi de la nuestra). De hecho, esa “locura” le costó la burla, la cárcel y la vida.

Hoy, Señor, te pido que llenes el mundo y tu Iglesia de muchos “originales”.  Ayúdanos a saber reconocer las trampas “igualadoras” de la sociedad y danos fuerzas para apostar por la novedad del Evangelio. Porque si todos nos volvemos sensatos, razonables y prudentes: ¿Quién seguirá soñando que es posible tu Reino?, ¿Quién mantendrá viva tu lógica imposible, tu locura vencedora, tu debilidad fuerte?

Ramón Bogas Crespo

Director de la oficina de comunicación del obispado de Almería

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