Esta es la experiencia cristiana, del amor de Dios y de la fe como respuesta al amor eterno e infinitamente misericordioso de Dios. Y así es el mensaje del Evangelio que es Buena Noticia. Que le pregunten a San Pablo, acabamos de celebrar la fiesta de su conversión, para que de ser perseguidor la luz en aquel brillante mediodía le hiciera un verdadero apóstol y heraldo del Evangelio. ¡Sólo la gracia de Dios hace esas cosas! Nuestra libertad consiste en dejar que actúe la gracia. Directo al corazón llegó la gracia a Pablo para que pueda decir ya convertido: “Sé de quien me he fiado” y “vivo de la fe en el hijo de Dios que me amó hasta entregarse por mí” / “Te hasta mi gracia, la fuerza se realiza en la debilidad” y “todo lo puedo en Aquel que me conforta” / y sobre todo “Para mí la vida es Cristo y una ganancia el morir” de manera que “todo lo estimo pérdida con tal de ganar a Cristo”.  Que podamos decir al final de esta peregrinación de la vida con el apóstol de las gentes: “He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta y he mantenido la fe”. No pongo las citas, es evidente que todas están en corpus paulino y son proclamadas en la Liturgia como Palabra de Dios, y para nuestra meditación y oración –también para el examen de conciencia- son Palabra de Dios viva y eficaz directa al corazón, es decir que Dios que nos ama tiene mucho que decirnos.

Queda claro que es necesario sujetar el caballo, domarlo, porque si está suelto posiblemente brinque que se sobreponga a la luz. No es que sea más fuerte que la luz… será más bravo pero la luz es más penetrante y siempre más esclarecedora. Brilla en la oscuridad y es Dios mismo. La luz es directa y hemos de saber que existe; valentía hace falta para que el caballo no se haga valer más que nuestra voluntad y que nuestra inteligencia. También se necesita humildad para reconocer que faltan las fuerzas, no podemos tanto y abrirse a la gracia de Dios. Algo así como que “a Dios rogando y con mazo dando”: esforzarnos por vencernos y decir Dios mío aquí estoy, confío que tú eres mi fortaleza. Dios lo puede todo, es amor, su poder es amor, y su amor es humildad: siempre hay que contemplar el misterio de la Encarnación y el misterio de su Cruz. Santa Teresa de Jesús dirá que la humildad es andar en la verdad.

Me pregunto por lo que se destaca de una persona después de pasar por esta vida… y queda lo que amó, lo que anduvo en la verdad, la humildad. Me pregunto por lo que de una persona llama la atención en cuanto que convence y no es el haberse situado en el escalón de arriba sino en el mismo nivel. Que Dios a cada uno nos ha dado talentos ¡y los tenemos que aprovechar y multiplicar! pero eso no es sinónimo de hacer juego de escalones. No hay juego… hay la realidad de la fraternidad, somos hermanos. Si eso resulta una carga cada uno también podemos ser una carga aún sin darnos cuenta incluso sin quererlo… La Buena Noticia del Evangelio consiste en que somos hijos y hermanos. ¡Qué bien nos viene rezar el Padrenuestro! Y meditarlo… hasta vivirlo. Hermosa oportunidad de repasar todo su desarrollo y explicación en el Catecismo de la Iglesia Católica. Este Año de la Fe es oportunidad para eso.

Ahorremos buscar teorías –por no decir otra cosa y por llamar de alguna manera- para que nos arreglen la vida y nos solucionen situaciones que son humanas, y dentro de ser más o menos gravosas, entran en el circuito de la vida, valle de lágrimas. Parece que buscamos como si no tuviéramos nada o si de fuera tuvieran que venir a decir lo que tenemos que hacer y eso si tiene crédito y no la doctrina de la Iglesia. Nuestro Señor Jesucristo invita a ir a Él, manso y humilde de corazón, y encontrar el descanso, en su yudo llevadero y su carga ligera. ¿Cualquiera va a tener más autoridad de Jesucristo y su Iglesia para que nuestro corazón viva en paz y en serenidad? ¿Es que hay que inventar porque el Evangelio que es Buena Noticia no conviene y la doctrina de la Iglesia atenta nuestra libertad? Precisamente Jesucristo y su Evangelio están para hacer al hombre libre, y la Iglesia para que vivamos la libertad de los hijos de Dios. Que nuestro corazón esté libre de ataduras, y lo mismo nuestra inteligencia y voluntad. Somos de Dios y para Dios, ¡hijos!, es lo más hermoso que tenemos. Centrémonos en Cristo esperanza de todo ser humano.

Antonio de Mata Cañizares

Vicario Episcopal

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