Hace unos días pregunté a una joven qué haría este verano y recibí una respuesta a modo de latigazo lacónico: ¡Nada! Me consoló leer por esos días un artículo en un semanario de tirada nacional donde se informaba del estudio reciente que lleva por título “Desmontando a ni-ni. Un estereotipo juvenil en tiempos de crisis” elaborado por el Instituto de la Juventud y dirigido por el profesor de Sociología de la Universidad Complutense Lorenzo Navarrete.

Merece la pena conocer algunos de los datos del mencionado estudio del que destaca la información sorprendente de que sólo un 1,1% de los españoles entre 16 y 29 años se les podría situar dentro de este marco amplio de la inactividad juvenil. Echando cuentas, quedarían más de siete millones y medio de jóvenes a los que el cartel de perezosos y desmotivados no les cuadra en absoluto destacando, entre ellos, a muchos cuya conciencia social los ha llevado a implicarse en actividades de voluntariado sin más recompensa que la satisfacción personal. El estudio pone de manifiesto con toda evidencia que los jóvenes ni son tan “ni-nis” ni viven al margen de los demás despreocupados de todo compromiso.

En efecto, los datos llaman a la prudencia en los juicios precipitados que solemos hacer los adultos en cuanto que en España los voluntarios se han estabilizado en torno a un 19% de la población equiparando sin distinción el número de voluntarios de jóvenes al de adultos. En nuestro país más de un millón de personas ejerce voluntariado social, un fenómeno reciente que comenzó a finales de los años 80 y que creció al tiempo que languidecía el compromiso político vivido con intensidad durante los años 70 y el periodo de la transición política. Es sorprendente el dato que arroja la estadística cuando señala que desde el año 1996 hasta 2002, el número de voluntarios pasó de 286.403 a 1.100.000, cifra bien elocuente y alentadora.

Otro dato extraído del estudio y merecedor de nuestra consideración es que los jóvenes se involucran en causas sociales más que sus padres con la única salvedad de que, aunque valoran el compromiso y suelen implicarse en las acciones que conlleva cumplir los objetivos propuestos, suelen comprometerse  de modo discontinuo. Dice el estudio literalmente “el que lo prueba, repite, pero falta constancia y muchos se desenganchan” por diversas circunstancias tales como cambio de vida personal, laboral y otros. Éste es uno de los grandes problemas del voluntariado. No es fácil la perseverancia fiel, o como dirían los técnicos, la “perseverancia en el compromiso”. Curiosamente el estudio nos muestra otra evidencia que es conseguir la “paridad”, es decir, que haya tantos hombres como mujeres dispuestos a colaborar, ya que el colectivo femenino representa el 63% de los voluntarios en España.

Pero más allá de los números se evidencia que la labor social no cae en saco roto para los jóvenes. Hace un año murieron cuatro jóvenes cooperantes, entre ellos Lorena Herrero profesora del IES de Aguadulce en Roquetas de Mar, joven de veintisiete años, al precipitarse el pequeño autobús en el que viajaban por un barranco de unos 300 metros de profundidad cerca de la ciudad de Cuzco (Perú). Éste grupo de voluntarios son, sin duda, un ejemplo para todos, especialmente para los jóvenes que deben aspirar a ideales nobles y altos.

         El recuerdo de Lorena y sus compañeras traen a mi memoria a miles de jóvenes que en este tiempo de vacación escolar dedican su tiempo para ayudar a los demás encontrando pleno sentido a su vida en la realización de proyectos de desarrollo en países de la tierra pobres y en extremo necesitados. También me hace tener presente a otros muchos que aprovechan la vacación para seguir aprendiendo e incluso ocupan su tiempo trabajando como temporeros a fin de ahorrar y hacer frente a los gastos que comportan sus estudios y necesidades. Unos y otros, muchos y ciertamente jóvenes ejemplares, son la esperanza de la humanidad. Sus vidas, ni pasivas ni egoístas, desmontan el mito urbano actual de los “ni-ni”.

         Nos hallamos a poco más de un mes de la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud. Muchos jóvenes han apostado por una iglesia más evangélica y comprometida en una opción personal que va más allá del voluntariado en cuanto el compromiso es fruto maduro de la fe. Son legión los que en pasados años, especialmente en estos últimos meses, han trabajado para preparar este encuentro a manera de parábola de comunión universal. Ahora queda la acogida a los participantes de otros países en las diócesis españolas y los días en Madrid con la culminación de los actos previstos presididos por el papa Benedicto XVI. Jóvenes católicos que también desmontan el mito actual del ni-ni en cuanto ni son pasivos ni son egoístas.

Manuel Pozo Oller,

Vicario Episcopal.

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