Recomiendo la lectura del discurso que el Papa Benedicto XVI pronunció a los participantes en la Asamblea Plenaria de la Pontificia Comisión para América Latina sobre la piedad popular y la evangelización el pasado día ocho de abril. La mencionada asamblea fue convocada para estudiar la “incidencia de la piedad popular en el proceso de evangelización”. Ciertamente es tarea de la Iglesia iluminar las culturas desde la fe, en palabras de Benedicto XVI, la Iglesia, “habrá de proteger, promover y, en lo que fuera necesario, también purificar la religiosidad popular”.

A nadie se le oculta que en pasadas décadas, coincidiendo con los primeros pasos de la reforma litúrgica imperada por el concilio II del Vaticano, se han vivido momentos difíciles para la piedad popular en cuanto se ha intentado soslayar las expresiones que tienen su asiento en el corazón para imponer de alguna manera el señorío, a veces único y excluyente, de la razón.

En momentos de cambio y adaptación a nuevas orientaciones, aquellos de los que santa Teresa de Jesús “aconsejaba no hacer mudanza”, el pueblo sencillo sintió con frecuencia la orfandad de la institución eclesial al no comprender la reforma que implicaba la desaparición de tradiciones y costumbres que alimentaban su fe hasta ese momento. Hay que decir que algunos se mantuvieron fieles a su fe al tiempo que a sus tradiciones piadosas reivindicando con esfuerzo su puesto en la Iglesia, a manera de los movimientos alternativos tan de moda en estos últimos días, sin desfallecer ante incomprensiones y desaires. Con el paso del tiempo contemplamos que su esfuerzo no ha sido en vano y constatamos que la fe que no se hace cultura es, antes o después, abatida por el paso del tiempo y las ideologías de moda promovidas por minorías elitistas de iluminados y librepensadores.

Alegra, en este contexto de recuperación serena de la fe popular que tiene su principal asiento en el corazón, que el Papa Benedicto diga taxativamente en el discurso al que hemos hecho mención más arriba que “para llevar a cabo la nueva evangelización, dentro de un proceso que impregne todo el ser y quehacer del cristiano, no se pueden dejar de lado las múltiples demostraciones de la piedad popular”. Y no es que el Papa haga rebajas en las exigencias cristianas sino que más bien pone las cosas en su sitio cuando prosigue que “la fe tiene que ser la fuente principal de la piedad popular, para que toda ésta no se reduzca a una simple expresión cultural de una determinada región. Más aún, tiene que estar en estrecha relación con la Sagrada Liturgia, la cual no puede ser sustituida por ninguna otra expresión religiosa”. Es un error que vicia todo el planteamiento considerar que la piedad popular es sólo cultura, tradición o costumbre. El planteamiento es justo al revés. La piedad y religiosidad popular deben ser explanación de la vivencia litúrgica y sacramental.

Ciertamente que la piedad del pueblo de Dios se ha revalorizado en estos días en nuestra diócesis con la visita de la cruz y el icono que en 1984 fueron entregados por el beato Juan Pablo II a los jóvenes para que peregrinaran por el mundo entero convocando para las celebraciones de las Jornadas Mundiales de la Juventud. La vida de Juan Pablo II es un ejemplo atrayente de fe y piedad para los jóvenes. En nuestra memoria colectiva quedan multitud de gestos de esta fe sencilla y honda. El beso al crucificado en la antesala de su encuentro con el Padre ofrecido el leño de la cruz por el cardenal Ratzinger; beso a la cruz en el año jubilar después de pedir perdón por los pecados de la Iglesia a lo largo de su bimilenaria historia; beso a la tierra de cada país visitado y que pisarían sus sandalias de pescador; beso a la cruz y al icono itinerantes que en su día entregó a los jóvenes.

Durante los pasados días 16 al 18 de este mes de mayo han permanecido en la ciudad de Almería la cruz y el icono llegados por mar desde Motril en la peregrinación que recorre todas las diócesis españolas como preparación para la Jornada Mundial de la Juventud que se celebrará en la última semana del próximo agosto. En estos días termina su periplo en nuestra diócesis y en la mañana del próximo día 25 será entregada en Fiñana a los jóvenes de la diócesis de Guadix. En este momento hemos de decir que todas las previsiones de participación de jóvenes y fieles en general han sido superadas. Hermosa la acogida en el puerto de nuestra ciudad; espléndido y multitudinario traslado de los símbolos religiosos a la S.A.I. Catedral de la Encarnación con la masiva participación de los colegios de titularidad católica; extraordinaria vigilia de oración presidida por nuestro Obispo con las naves catedralicias a rebosar; piadoso y concurrido vía lucis por las calles del centro de la ciudad de Almería; emotivas visitas a conventos y parroquias; tierna cercanía a enfermos y presos; verdadera bendición para las parroquias visitadas. ¡Una auténtica fiesta de la fe!

Sin lugar a dudas que la iniciativa y el testimonio del beato Juan Pablo II y la cercanía y magisterio de Benedicto XVI son la mejor catequesis sobre el amor a Dios y a la Virgen Santísima al tiempo que expresan que la piedad popular es un medio excelente para vivir y expresar la fe en comunión con la Iglesia.

 Manuel Pozo Oller,

Vicario Episcopal

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