Hermoso tiempo el de la Cuaresma. No hace muchos días charlando con un cura me manifestaba que es el tiempo que más le gusta, sé que es verdad su apreciación ilusionada. Es un tiempo litúrgico intenso, de grandes expresiones de fe y de religiosidad popular que le hacen ser especial. Tiempo de la misericordia y de reconciliación. Tiempo de gracia. ¿Sabemos lo que Dios puede hacer con nosotros esta Cuaresma? Pues no sabemos. Sí tenemos certeza que Dios hace maravillas con sus hijos (¡que se lo pregunten a la Virgen María!). Deseo a todos una buena Cuaresma, centrada en Cristo que revela al hombre su verdadera imagen e identidad. Somos convocados al desierto, ligeros de equipaje, para encontrarnos con Cristo y su Evangelio, estar con Él, descubrirlo y redescubrirlo, profundizar en su amistad; dejarnos interpelar por el Señor, mostrarle sin doblez nuestra persona y realidad. Que Él nos ayude a entenderla porque tenemos que seguir hacia delante.

Los evangelios sinópticos cuando nos presentan a Jesús en el desierto, después de su Bautismo y antes de comenzar su ministerio público, presentan las tentaciones. En este tiempo, los cristianos contemplamos el modo de vencer las tentaciones de Cristo; no le son evitadas, las sufre, pero le resultan ocasión, para “estar en su sitio”, -expresión muy nuestra-, y sobre todo afianzarse en su actitud de hacer siempre la voluntad del Padre. Esto es lo que tenemos que aprender y afianzar. Tampoco nosotros estamos exentos de sufrir la tentación. Gran tentación es volver la espalda a la verdad. Y es fácil manipular la verdad y que salga a la palestra lo convenido por quien tenga que convenir o estime por turno lo que es conveniente. Se ve mucho cuando surgen declaraciones o noticias, más si son de ámbito eclesiástico y resplandece no precisamente lo que se ha dicho o querido decir.

De reflexionar en este delicado e interesante aspecto, que implica amplia vigilancia, Noam Chomsky, intelectual estadounidense, advierte de diez estrategias para la manipulación que exponemos a fin de tenerlas en cuenta y que nos ayuden a caminar en la verdad, con capacidad para estar en nuestro sitio y que no se manejen los principios que deben regir nuestra vida conforme a la confesión de fe:

Primero, la estrategia de la distracción, que consiste en desviar la atención de los problemas importantes y de los cambios decididos mediante continuas distracciones e informaciones insignificantes. Segundo, crear problemas y después ofrecer soluciones.

Otras dos estrategias: de la gradualidad: para que una medida inaceptable se acepte gradualmente, y la estrategia de diferir, es decir, presentar una decisión impopular como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación de todos, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Se tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que todo irá mejor mañana, y el esfuerzo puede ser evitado.

Dirigirse al público como criaturas de poca edad, quinta estrategia: la mayoría de la publicidad va dirigida al gran público y utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, como si el espectador fuera criatura de poca edad.

Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión. Merece atención la clásica estrategia que busca hacer uso del aspecto emocional que con frecuencia causa un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido crítico de los individuos. El aspecto emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos, comportamientos. Mantener a las personas en la ignorancia y en la mediocridad y estimularlas a ser complaciente con la mediocridad: que se crea que es modo el hecho de ser vulgar e inculto. Otra estrategia, la novena, consiste en reforzar la autoculpabilidad: que el individuo crea que él es el culpable por causa de la insuficiencia de la inteligencia, de sus capacidades o esfuerzos. En lugar de rebelarse el individuo se culpa, lo que genera un estado depresivo, desde donde es muy fácil la inhibición de su acción.

En último lugar, el hecho de que se conoce a las personas mejor de lo que ellas mismas se conocen con lo que se facilita ejercer control y poder sobre las personas, más que lo que el dominio que se puede ejercer por uno mismo. Esto significa que se puede ejercer un control mayor y un gran poder sobre las personas, mayor que el de las personas sobre sí mismas.

Que al menos los que vivimos la Cuaresma y el horizonte de nuestra vida está en la Pascua, en la luz de Cristo Resucitado, no caigamos en las tinieblas del error, de la ofuscación de la verdad. Que andemos como hijos de la luz e hijos del día.

 Antonio de Mata Cañizares

Vicario Episcopal

 

 

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